Vinalopop, tragos bajo el palmeral

Mientras escribo esto, el legado literario de Miguel Hernández es desterrado a una oscura y plateada caja fuerte del algún banco. Alguno creerá que mezclo churras y merinas pero nos hallamos en Elche y la poesía (más la de la Generación del 27) tiene mucho que ver con el rock, y de eso, al fin y al cabo, se habla en este webzine.

El Vinalopop 2011 había hecho por rehacerse de la cancelación sufrida en abril con un cartel más que apañado y, al conocer lo que ocurrió en la jornada del viernes, alguien diría que el festival ilicitano está gafado. Al parecer, una caudalosa tromba de agua de 5 minutos cercenó la primera jornada cuando Napoleón Solo afrontaba su actuación. Cuentan las malas lenguas que todo aquello se podía haber previsto techando el escenario. El poco público de la jornada del viernes se embutió en el Rompeolas (garito situado a pocos metros del recinto) para beber y bailar pidiendo al cielo un poco de clemencia en el día de mañana.

Bajo un mar de palmeras desfilaba la gente el sábado. Era casi la hora de comenzar y desde el interior del recinto llegaban ecos de las pruebas de sonido. Aquello no iba a ser puntual y en la calle, al otro lado, se manifestaban miles de indignados en contra del gobierno actual y, ya de paso, con el que en breves está por llegar. He vuelto a mezclar temas, pero la política también es rock… Sino que se lo digan a Miguel Hernández.

Dentro, los instrumentos descansaban bajo transparentes plásticos pues el sábado también amenazaba lluvia. En todo caso, la temperatura era perfecta y la localización del festival paradisiaca. Cierto que cayeron unas gotas pero fue solo una falsa alarma. Esa noche el pop no pararía y el final traería lo mejor.

Al fin dentro del espacio situado en el corazón del Parque Municipal Hort de Baix, el acogedor y verde lugar invitaba a ello, nos dispusimos a disfrutar de la música. Los localesAardvark Asteroid (uno de los damnificados del día anterior) abrieron la velada descolocando a más de uno y verificando que la hoja de horarios no sería de ruta. Su rave-rock transmitió energía y nervio pero, falto de alma y personalidad, su directo sólo convenció a sus paisanos que, eso sí, celebraron la actuación en las primeras filas.

The Casters (ya definitivamente sin noticias Fuzzy) tuvieron que luchar contra los problemas de sonido en los comienzos de su acto. La voz del batería no llegaba pero reponiéndose sin frenar demostraron el buen oficio que les han otorgado estos últimos meses (desde que ficharan por Subterfuge) llenos de experiencias. Los valencianos han afianzado su directo que cada vez se muestra más rápido, compacto y estimulante. Bajo el palmeral aprobaron y ya esperamos ese trabajo producido por Carlos Jean.

Era el turno de la siempre turgente Vinila Von Bismark y sus Lucky Dados y el recinto, ahora sí, presentaba una asistencia calurosa. Nada que objetar, una vez más, a la puesta en escena de este profesional combo, pero la artificialidad y oportunismo de su puesta en escena nos dejó fríos. Vale que Vinila es un cañón en el escenario (aunque para colmo salió muy tapada), y por supuesto que la banda que la secunda tiene solvencia, pero eso no lo es todo y de tanto querer parecer se olvidaron de transmitir la verdadera emoción que el rock -al que supuestamente homenajean- precisa.

El Vinalopop disipaba sus miedos y, para cuando Supersubmarina pisaba el escenario, aquello lucía una entrada considerable (calculamos unas 2.000 personas). No es que nos extrañe el éxito exponencial de los jienenses, pues reúnen todos los componentes que se le presuponen al nuevo grupo indie (riffs resultones, epicismo exacerbado hasta decir basta y estética H&M)… pero siempre hay algo que chirría en sus directos y los edulcora hasta producir fatiga. Esta vez no fue diferente. Potables cuando tiran por el camino de Editors o Vetusta Morla, se hacen infumables cuando rayan la ópera-pop, casi emparentándolos con los mismísimos Mago de Oz. En todo caso, al público se lo metieron en el bolsillo y en eso también son reincidentes.

La venia era de Sidonie. Prácticamente estrenaban álbum en el Vinalopop, al tiempo que los compactos de El Fluido García se colocaban en los estantes de las tiendas (y se pirateaban en la red). Desde los primeros compases, el salto de calidad sonora con respecto a lo escuchado en los bolos anteriores esa misma noche, en ese mismo escenario,  fue bárbaro; los catalanes eran cinco: cuatro sobre el escenario y uno en la mesa de sonido. Pero no son los recursos técnicos (pero ayudan), sino las canciones y la actitud lo que auparon a Sidonie al trono de la noche. Tienen un carro de singles y los arrojaron, uno tras otro, para deleite de los presentes. “Fascinado”, “Costa Azul”, “Feeling Down”, “Un día más en la vida” o “Nuestro baile del viernes” por citar algunas. Marc, Jesús y Axel se lo pasaron de lujo y, aunque se turnaron en el enfoque del protagonismo que tanto les gusta, juegan en equipo distrayendo siempre al ojo. La solvencia en lo sonoro vino rematada por la guitarra del cuarto hombre y que también se atrevió con acierto y voz afeminada a los coros. Cayeron algunas de lo nuevo (“El bosque”, “Tormenta de verano”, “Negroni”, “A mil mundos” y “La huida” –esta última con Jesús como voz principal-) que nos reafirmaron la dulce amenaza de que Sidonie han regresado a ese personal mundo pop-psicodélico-sexual que tan atractivos les hace. El concierto tuvo dos partes divididas por la presencia del sitar en una profesoral “Sidonie goes to Baranasi”. Para acabar “El incendio” y nosotros con la garganta en llamas de vuelta a la barra. Están en forma y comienzan gira. Quién los pillara.

Otros que desenfundaban repertorio eran We Are Standard. Los getxotarras, que habían disfrutado de Sidonie en un costado, tomaron nota y aprovecharon en rebufo de la buena estela sonora dejada por estos. Directo sin distracciones ni momentos de relleno. Pura obligación al baile amortiguada por un potente somier metálico de guitarras. Al habitual elemento funk que suelen añadir al rock, se han adherido ciertos detalles que van desde los toquesmadchesterianos al dance ochentero. Lo nuevo tiene pinta de seguir con el nivel esperado aunque el que los haya visto, sabe que el punto fuerte del grupo, donde de verdad alucinas, es en el directo. La entrega de Deu Txakartegi tiene siempre parte de culpa. Ah, y gracias por esa versión tan molona de “I´m waiting for my man” de la Velvet.

Entre las horas que eran (las cinco de la mañana) y el feliz sobreesfuerzo al que nos sometieron los vascos, aquello quedó algo desangelado para la puesta en escena de Los PilotosFlorent y Banin se tomaban su tiempo en preparar sus aparatitos y la cerveza se acababa en las barras. Tremenda pedalera frente a Florent y Banin que se escondía tras una mesa en la que, por encima de todo, destacaba un Mac. Ellos a oscuras y de fondo una pantalla con imágenes de lisérgicos colores. Al parecer, tanto Florent como Banin vuelcan en esta formación todas pesadillas, temores, alucinaciones, alegrías y pensamientos que quedan al margen de Los Planetas. El resultado en directo, y más a esas horas, y más algo tocado, es fruición estelar. El concierto (como el disco) se desarrolló de corrido y por la guitarra de Florent se hilvanaron punteados deconstruidos que se tornaron en alucinación al paso de la licuadora de Banin. Llegamos a meternos dentro de su peligroso y placentero circuito pero el final llegó sin avisar.

Los djs anunciados cayeron del cartel y las luces y los de seguridad se encendieron para la rápida evacuación. Nos tuvimos que ir rápido y sin casi darnos cuenta ya nos habían invitado a abandonar el palmeral. Al final el Vinalopop salvó los muebles y se lleva aprobado. Nosotros volveremos el año que viene… A ver si Miguel Hernández corre la misma suerte.

Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte”. Miguel Hernández.

También te podría gustar...