Valencia es de Calamaro

Valencia fue anoche más calamarista que nunca y Andrés Calamaro y su banda volvieron a dar esa dimensión de banda de rock alejada de clichés, asalmonada, pero con un estatus ganado a pulso y sabedora de que infinidad de temas respaldan un directo que, seguro, va a hacer las delicias del respetable. Las épocas de incontinencias creativas, sufridoras y amatorias de Calamaro dejaron canciones sucias y brutales que, duras como el diamante, no han perdido un ápice pese a que se entretenga dándoles alguna que otra vuelta. Justo al contrario, en los conciertos Calamaro y los suyos siguen sumando gargantas para cantarlas, corazones para sentirlas y generaciones para compartirlas.

Por todo eso fundamentalmente se disculpó que el sonido de primeras no fuese el más adecuado y que una banda contrastada no atravesara con nitidez. Hasta llegó a haber en los compases iniciales un tenso silencio que dejó a cero voces e instrumentos. Ese pésimo sonido del inicio, y va por la organización y por los patrocinadores, no se debería permitir. Como tampoco debería permitir el Ayuntamiento de València que un concierto bajo su patrocinio cueste ¡30 eurazos! Lo ponen más bajo y Calamaro en vez de meter a unas 2.500 personas en Viveros, mete el doble que también caben.

Pero los problemas se solvetaron y como los toreros valientes tras la voltereta, la banda ni se miró y siguió con el bolo con Calamaro al frente, estrella del rock por dentro y por fuera a punto del medio siglo. Concierto de menos a más. A mucho más. Cerca de hora y tres cuartos, un bis y las ganas de otro que no llegó y que dejó al público tarareando la melodía de ‘Flaca’ durante un buen rato. Y además concierto cargado de mensajes porque Calamaro es así. «Vamos a tocar una balada del ‘Salmón’, y mientras voy a pensar en hacerme unos trajes a medida»; «La corrupción de los autores dura dos días, la de los políticos 200 años»; Y finalmente, para agradecer la entrega del público valenciano: «Qué público más bueno tenemos, aprendan a votar también». Y también pinceladas de toreo de salón a cargo de Calamaro, unos muletazos al viento que fueron respetados y coreado con olés por la afición.

El viaje por las canciones tal vez se podría hecho otra manera, pero es tal la colección y la baraja. ‘Alta Suciedad’, ‘Los Chicos’, ‘Te quiero igual’ o ‘El día mundial de la mujer’. El guiño a los tiempos de Los Rodríguez con uno de los momentos claves con ‘Sin documentos’. Tremenda la interpretación de ‘Paloma’ iniciada solo al piano y reforzada luego con toda la electricidad e intensidad con la que carga la canción. Y ‘Flaca’, que cerró el concierto aunque Calamaro si hubiera querido se habría pasado un buen rato más tocando. Tenía a la gente entregada.

 

Por Andrés Verdeguer

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