Tricky, la autenticidad de un sonido muy vivo

Si bien, la sala que ha sufrido el mayor número de cambios de nombre (lo que fuese Roxy y hoy en día se conoce como Salomé) era probablemente el mejor espacio en cuanto a condiciones de acústica para recibir a Tricky en nuestra ciudad, una vez más el público valenciano no supo responder. Empezado el concierto estaba apenas cubierta la mitad del aforo y digamos que no en la condición de observadores atentos y en silencio ante la hipnótica sesión que se propuso dar Tricky junto a los otros tres músicos. Quizás ello influyese a que el principio resultase un tanto frío y distante hasta conseguir engrasar la máquina con todo el potencial que sí que demostró en casi la totalidad de la hora y media que se mantuvo sobre el escenario.

Con el torso cubierto por una camiseta blanca y de espaldas al público inició un concierto en el que Adrian Thaws se relegó casi a un segundo plano en el inicio con la no editada I Live Alone, o el guiño a los noventa con esa visceral versión de Do You Love Me Now?” de The Breeders, en donde la francesa Kamila Bleax cobraba un cierto protagonismo supliendo en directo las numerosas colaboraciones con voces femeninas que el de Bristol ha plasmado en sus once discos. Y aunque fue un comienzo impecable a nivel de sonido y ejecución, no parecía estar cuajando demasiado bien hasta que por fin Tricky dio con la clave del problema y pidió que apagasen las “jodidas luces”. Oscuridad total sobre el escenario que, entonces sí, dio paso al éxtasis y la fuerza que impregnaron el ambiente y la música.

Temas del nuevo disco como el frenético Why Don’t You, la pausada y hermética My Palestine Girl o la más electrónica Nicotine Love funcionaron bien en un directo que no se conformó con situarse en una zona de confort estancada. Apenas rescató dos canciones de su aclamado debut Maxinquaye: Overcome y la agradecida versión de Public Enemy Black Steel. Y eso fue precisamente lo que vimos anoche; Tricky no es un mero ejercicio de estilo o una vuelta nostálgica al pasado. Lo suyo es una historia de un mundo interior oscuro, de las preocupaciones de una generación y de la creación de un nuevo sonido que ha sabido conservar y evolucionar hasta el presente.

A base de golpes en el pecho y energía ofreció un setlist cohesionado y extenso tras el que volvió para un bis de tres canciones que culminó con una absorbente By Myself. Salí de allí un tanto aturdida e hipnotizada, absorbida en esa oscuridad tan cercana. Bendita dosis de “Trick-hop”. Te atraviesa con una flecha directa al corazón.

Fotos: Fran Calabuig
Crónica: Nerea Serrano

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