Toundra en la Sala Salomé: Divina algarabía de sonidos

Sucedió que el pasado sábado por la tarde decidí ir a ver una de esas películas de las que sales muy defraudado. Ya saben ustedes, esa sensación de que algo te va a gustar y se queda muy lejos de cumplir las expectativas. Siempre que me sucede esto me pregunto que más tenía que haber puesto de mi parte para sentir o entender lo que los demás espectadores.

Con la desilusión en el cuerpo me encaminé hacia la Sala Salomé (antigua Noise, antigua Mirror, antigua Tucán… Como decía el taxista que me acercó hasta la sala “yo ya he perdido la cuenta de los nombres que ha tenido”. Anécdotas a parte al instante de entrar comenzó a sonar Our Next Movement. Estos chavales fueron los que empezaron a arreglarme el cuerpo. Con su rock instrumental ‘pseudo-tropicalista’ (como ellos mismos definen) arremetieron guitarrazos bailables contra los primeros valientes que se reunían en la sala. Sin prejuicios, al contrario, con una apuesta muy sólida Our Next Movement llevo al respetable hasta el punto adecuado para la llegada al escenario de la que sin lugar a dudas es la mejor banda de rock del norte de África y de gran parte de Europa.

Toundra es un caso aparte, como la gran mayoría de los hitos musicales de la historia de España. Bandas instrumentales por supuesto que siembre ha habido, alguna que otra imponente, pero ninguna con las capacidades de Toundra. El cuarteto madrileño es de esos baluartes que más que citar referentes que los han llevado hasta aquí serán dentro de una década el referente de decenas de bandas de jóvenes que quieren tocar como ellos y sobre todo, desprender lo que ellos ofrecen sobre el escenario.

Toundra es rock sin paliativos. Pero no a lo loco, no se equivoquen amigos. Porque no tengan un vocalista no significa que no puedan narrar una historia. Durante la hora y media que duró el concierto de Toundra en la Salomé ofrecieron uno de los relatos más bellos que servidor ha vivido en los últimos tiempos: Con su prólogo, puesta en marcha, desarrollo, interludio, desenlace y epílogo. Y todo ello a flor de piel, cuasi como lo sentían los antiguos. Haciendo de sus instrumentos los mejores pinceles con los que dibujar en el aire leyendas inmateriales difíciles de olvidar.

Lo mejor de todo es que al contrario de la película que vi esa misma tarde Toundra no exige ningún esfuerzo metalingüístico, solo le piden al respetable que disfrute, si quiere, de su discurso. Una soflama que los ha hecho llegar a ser número dos en ventas en España (irónicamente flanqueados por Pablo Alborán y Melendi) en la primera semana a la venta de “IV”, su último trabajo.

Toundra es un recado directo a la yugular de aquellos que siguen manteniendo que en España no se hace buena música y que la poca música de calidad (o con discurso propio) que se crea no puede tener salida.

Larga vida a Toundra. @SuperSergioF

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