Tórtel y el eco subterráneo

A veces lo basamos todo en las expectativas. En las expectativas de un presente idílico, las expectativas de un futuro mejor o las expectativas de un pasado deslumbrante. En otras ocasiones viajamos sin expectativas. Cruzamos carreteras desconocidas y nos adentramos en pasillos de piedra con la predisposición de ser sorprendidos, o no. Tal vez sea por el cúmulo de acontecimientos que rodea al estío en el hemisferio norte, o tal vez simplemente porque hayamos decidido vivir así.

Casi sin darse cuenta uno ya se encuentra a bordo de una barca recorriendo el río subterráneo más largo de Europa. Agachando la cabeza para no ser golpeado por una estalactita milenaria y divisando rostros en las formas que el transcurrir del tiempo a esculpido. Incesante, tranquilo y siempre a ritmo constante. Ajeno a los acontecimientos del exterior.

Sucede también que una cabalgata de barcas desfilan por los pasillos subterráneos, más cercana la estampa a “La ciudad de los niños perdidos” que a alguna de las entregas de “Harry Potter”, cuando sin previo aviso una suave melodía arriba hasta el sistema auditivo humano. Entonces esos mundos imaginarios compartidos durante un brevísimo espacio de tiempo con esas paredes y ese río son sustituidos por las composiciones de Tórtel. Pero para empezar él también echa mano de otro mundo exterior y versiona “Vivir por vivir” de Joaquín Pascual. Continúa cantando desde su pequeña embarcación junto al inseparable Jesús Macías con “La Casa Grande”, como el propio Tórtel describe casi del pleistoceno de su carrera. “Entonces sí” se revela como una de las grandes protagonistas de la noche y cierra este tramo acuático con “El baile extraño”, incidiendo en que esta va a ser una velada agradable edificada sobre tres pilares elementales: el hogar, la supervivencia y las relaciones extraordinarias.

Ya sentado en una de esas típicas sillas de verano con las que reposar a la fresca pero aún en el embarcadero en el interior de las Cuevas de Sant Josep uno empieza a escuchar cierto sosiego en la respiración propia. Como si esa búsqueda incansable por las vacaciones perfectas la hubiéramos tenido a veinte minutos de casa sin darnos cuenta. Así “La gran prueba” precede a “La casa de hojas”, un tema nuevo de su próximo disco, “Transparente“, de esos artilugios sobre las que nuestra mente ya crea altas expectativas ya sea de forma inconsciente o voluntaria. Suena bien. Pero cualquier calificativo se queda corto en este escenario. Si en formato dúo ya tiene semejante poso la exposición en formato banda será portentosa. Pero regresemos al tiempo presente.

Mientras recapitula sobre composiciones previas Tórtel se muestra relajado. Sabedor por una parte de que es una noche única pero por otra con la sonrisa del trabajo bien hecho, todo combinado con la mirada del explorador que conoce nuevos pasillos al final del túnel. A través de esa luz desvela “Nadie se parece a nosotros” otro de los temas nuevos con el que marca el inicio del final del repertorio. Vuelve “La Casa Grande” y “Entonces sí” y se despide. Pero ante la perplejidad del visitante, ensimismado por igual ante la propuesta musical como por el cuadro cavernícola que se alza por detrás de los músicos, hace de su rigidez la petición más estoica de un bis que se recuerda. Así el explorador desempolva “En defensa propia”, sin lugar a dudas uno de sus mayores descubrimientos, y cierra este viaje inolvidable interpretando de nuevo “Vivir por vivir”, demostrando una vez más que desde las profundidades más salvajes siempre pueden surgir ecos de luz.

Crónica: Sergio F. Fernández.

Fotos: Organización Singin’ in the Cave.

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