Thee Oh Sees – “A Weird Exits”

Cada año, junto con la selección de las animadoras, las etílicas fiestas en casa y, por supuesto, el baile de fin de curso, el lanzamiento de un nuevo disco de Thee Oh Sees se convierte en uno de los más importantes acontecimientos entre la juventud norteamericana. Y si no es así, debería serlo. La banda dirigida por John Dwyer se ha convertido en uno de esos grupos de garage californianos que acaban trascendiendo al resto del mundo. Y probablemente, junto con nuestro querido Ty Segall, Dwyer sea la mayor cabeza visible del garage psicodélico actual.

A Weird Exits” sigue por la senda que los Oh Sees han ido trazando con sus últimos trabajos. Los suyos ya no son álbumes tan crudos, tan underground, sino que han incorporado una gama de nuevos sellos sonoros identificativos de la banda y una producción cuidada al máximo. Se trata, además, del primer álbum del colectivo sin la formación habitual, después de la marcha de Brigid Dawson (teclados y coros), Petey Dammit (bajo) y Nick Murray (batería). La novedad de la nueva formación radica en la incorporación de dos baterías —los excepcionales Ryan Moutinho y Dan Rincon— y el bajista Tim Hellman.

El álbum abre con dos réplicas, dos nuevas versiones de los temas con los que comienza el anterior largo de los Oh Sees, “Mutilator Defeated At Last”. “Dead Man’s Gun” y “Ticklish Warrior” son dos vueltas de tuerca a “Web” y “Withered Hand”, por su línea de bajo y su enérgico riff, respectivamente. “A Weird Exits” destaca por la experimentación en varios de los temas y por la presumible improvisación en las composiciones. No son canciones, es música. En “Jammed Entrance” se da cabida a interesantes armonías que dejan pensativo al oyente una vez acaba. Pero sin tiempo para reaccionar, “Plastic Plant” cambia las reglas. Su riff constituye una buena dosis guitarrera, que es de agrado para nuestros oídos en estos turbios días en los que se acerca el invierno —y no hablamos de la estación climática—. El inicio de “Gelatinous Cube”, un claro guiño al “Iron Man” de Black Sabbath, da paso al tema más hit y al riff más punk rocker del disco.

Las emociones más puramente interiores se liberan, no obstante, en las últimas tres piezas. “Unwrap The Fiend Pt.2” es casi la banda sonora de un videojuego RPG japonés, pero en versión underground —¿”Undertale”, he oído?—. Es entrañable y refrescante. “Crawl Out From The Fall Out” es la parte más alucinógena del disco, un tema estimulante para la imaginación y para el correcto flujo de los pensamientos instintivos. La conclusión —o desenlace— no podría haber sido más tróspida; “The Axis”, un tema con órgano de iglesia y una voz a caballo entre Jim Morrison y Nino Bravo, y ocasionales solos de guitarra distorsionados. La seriedad fingida de la maravillosa psicodelia de Thee Oh Sees.

A Weird Exits” mezcla el krautrock con el primitivo garage; las canciones de punk con la jam onírica. El resultado es un nuevo álbum denominación de origen John Dwyer. Es imposible cansarse así del disco de rigor que cada año nos ofrecen él y su californiana banda.

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