The Pretty Things, ¡Sixties Forever!

Casualidades del destino, justo en la semana en la que celebramos el setenta aniversario del nacimiento de dos de los personajes más influyentes en la música popular actual, Paul McCartney y Brian Wilson, tuvimos el honor de recibir en nuestra ciudad a sus coetáneos The Pretty Things. Y nos demostraron el porqué son también una de las bandas más influyentes para los seguidores del rhythm and blues y los sonidos sixties, aunque sin el reconocimiento masivo de los otros; hecho confirmado con la media entrada que registraba el local.

A modo de introducción y como muestra palpable de esa influencia, pudimos disfrutar una vez más de un breve pero intenso set del combo local Wau y los Arrrghs!!!. Comandados por ese eléctricofrontman que es Juanito Wau (esta vez más comedido, quizá por no quitar protagonismo a sus ídolos) descargaron su garaje troglodita impregnado de letras salvajes y omnipresente órgano. Desfilaron sus ya clásicos “Copa, raya, paliza”, “It´s Great” o “Piedras”, junto a, ¡sorpresa!, temas nuevos que no desmerecen en nada a los ya conocidos.

Y tras una breve pausa, aparecieron en el escenario las estrellas de la noche. Con sus miembros originales al frente Phil May (voz) y Dick Taylor (guitarra), y acompañados del también veterano Frank Holland a la guitarra y de una joven, pero no por ello menos virtuosa sección rítmica, comenzaron con el potente “Roadrunner” de Bo Didley como declaración de intenciones, agitando al personal ya desde el inicio.

En una primera parte, en la que los guitarras alternaban sus solos, desgranaron temas como “Don’t Bring Me Down” o “The Beat Goes On”, e incluso dejaron espacio para un tema de su banda alternativa Electric Banana.

Tras un interludio acústico, en el que ya cogió definitivamente las riendas de la guitarra el prodigioso Dick Taylor, acometieron tres pantanosos blues (entre ellos “Blues Bit”) dando paso a una segunda parte en la que ya no dieron tregua al respetable. “Come See Me”, “I’m Your Man” y, sobre todo, “Can´t Judge A Book”, provocaron los saltos y la entrega más absoluta de los fans que ocupaban las primeras filas, los mismos que estallaron de gozo con “Mona”, “L.S.D.” o durante el bis con la ansiada “Rosalyn”.

Mención especial a la profesionalidad de la banda, que tuvo que lidiar con constantes problemas con los micrófonos, sobre todo Phil May que no paró durante todo el show de pedir que le subieran el volumen del micro, aunque este detalle no logró empañar un pedazo de concierto. ¡Sixties Forever!

 

Por Dan Defensor

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