Soledad Vélez y Joe la Reina: La sensibilidad auditiva hecha materia

La dicotomía, la necesidad de dilucidar que es Joe la Reina hace que nuestra relación sea algo inestable, a veces sí, pero otras no. Mientras escribo esta reseña su canción “Tempestad”, del disco Bailamos por miedo, mantiene el bello corporal de mis brazos como agujas afiladas, pero me cuesta mantener mi atención durante las once canciones.

Marcaban las 22.35 del 27 de enero de 2016 me presentaba en la sala El Sol totalmente a la expectativa y decidido a definir, que tipo de conexión tenemos Joe la Reina y yo.

Se plantan frente al micrófono, tímidos y circunspectos. Entonces, de repente, el interrogante se deslizó sobre las cabezas de todos los presentes en la sala. De sus manos salía psicodelia y melodías progresivas, atrapando totalmente mi atención. Todavía reacios ha mostrarse en total naturalidad “Pedestal” no parecía la misma de nuestros auriculares, en directo se abandonan río abajo en una escarpada corriente de continúas improvisaciones. O esa era mi sensación, acostumbrado a buscar en los directos la copia de un disco editado. Esta lección por su parte me conquistó definitivamente.

Con “Somos otros” marcando el half-time del concierto, Lucas y compañía rompieron sus grilletes, de sus estómagos escapaba cada uno de los golpes a sus instrumentos. En definitiva, un viaje de reconciliación para una banda que conquisto a los presentes, por su naturalidad, su autenticidad y su necesidad imperiosa a sentir un directo.

Tras los bastidores esperaba Soledad Vélez. Atenta a la llamada, salió decidida a exponer el giro de 360º que ha decidido darle a su música e imagino, nerviosa, a que recibimiento tendría en nuestras ambivalentes cabezas.

Se enfundo su guitarra y se coloco frente a ese teclado que abandera la nueva Soledad. Personalmente tenía sería dudas de que su voz rota, se entrelazase con delicadeza en los artificiales sonidos de lo eléctrico. Lo que vulgarmente se llama “te han cerrado la boca”. Pues así fue como se consagro, según mis ideales, una artista en un escenario. Jamás había experimentado esa mezcla musical con la que esta chilena afincada en Valencia me iluminó.

Cerrabas los ojos para afinar la sensibilidad auditiva y en ese negro infinito de los parpados, al ritmo de Jeanette y su electricidad,  sé formaban emotivas sensaciones y formas indefinidas. Y esto es la nueva Soledad Vélez, un lago de tierras movedizas lleno de sensaciones que caen hacia el infinito.

Fotos: Sergio F. Fernández
Crónica: Fran Agulló

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