Scott H. Biram: country y blues en la sala El Loco

Valencia puede convertirse en un buffet libre de música. Uno puede degustar cualquier estilo sin necesitar cuchara para ello. Basta con servirse de una buena entrada y dos oídos con apetito musical.

Claro ejemplo de ello es el concierto de country y blues que ofertaba la Sala El Loco el pasado miércoles por medio de los temas de Scott H. Biram. Cierto es que uno puede estar más acostumbrado a beber horchata que a nutrirse de country en la capital del Turia pero en ésta nada está escrito respecto a estilos de música. Y menos mal.

Un plus del concierto fue que tuviese lugar en El Loco. El aspecto del local siempre ha desvelado que en su interior se han librado tropecientas batallas musicales. Tal circunstancia hace que uno esté seguro de que la acústica será buena y de que el público acudirá para estar más pendiente del escenario que del camarero de detrás de la barra. Incluso, en la noche del concierto, la sala se vistió para la ocasión al crear un pequeño museo de Scott H. Biram. En una de las esquinas colgaban camisetas del músico mientras que una mesa exponía, en formato vinilo y cd, los nueve álbumes del artista, que se dice pronto.

Mientras, en el escenario, yacía la guitarra del cantante para los más curiosos. Esto último no es de extrañar ya que el instrumento de Biram podría catalogarse como una reliquia. Su guitarra tiene más de cincuenta años y al ser una auténtica superviviente invita a cuestionarse sobre qué tipo de escenarios habrá sido tocada, o cuánto le queda para jubilarse o si resistirá a la noche valenciana.

Era casi la hora de empezar. El público ya había escogido un sitio estratégico donde poder dejar la cerveza cuando fuese necesario alzar ambas manos en los estribillos que lo demandasen. Un público de lo más variopinto. Allí podía estar desde tu primo pequeño hasta tu tío abuelo. Por tanto el ambiente dejó claro que para escuchar a Scott H. Biram no se necesita ser mayor de tantos años.

Al tocar las diez campanadas Biram hizo su aparición sobre el escenario. Llevaba una gorra que podría tener la misma edad que su guitarra y una camiseta donde rezaban las letras “AC-DC”. Tenía aspecto de ser el que te robaba el almuerzo en los recreos. Con una sonrisa ladeada y el paso firme se sentó en medio del escenario, próximo a la primera fila, y agarró su guitarra cincuentona. Empezó fuerte. Punteó todas las cuerdas y éstas, al vibrar, dieron el pistoletazo de salida. Poco tardó en demostrar que era un hombre orquesta, literalmente. Porque además de contar con la guitarra también se servía de un pedal para poder dar golpes contra un bombo colocado entre sus piernas. Incluso, cuando se apartaba del micrófono, aproximaba sus labios a una armónica que no se sabía exactamente de dónde había salido. Total, que Biram, a pesar de estar solo, llenaba enteramente el escenario. Desprendía dureza. Mucha. Y más conociendo la historia del músico. Porque hace unos años Biram tuvo un accidente de tráfico horrible. Su coche chocó contra un camión y sufrió múltiples roturas. Por suerte sobrevivió, circunstancia que demostró durante el concierto. De hecho, un mes después de aquel aparatoso incidente, grabó un álbum al que tituló “Rehabilitation Blues” en cuya portada aparece el músico en la cama de hospital sujetando su vieja guitarra.

No obstante el concierto estuvo especialmente enfocado en presentar su último trabajo “Nothin’ But Blood”.  A medida que los temas de este disco se sucedían daba la sensación de estar sobre una montaña rusa. Porque Biram combinó diversos estilos. Cierto es que comenzó con ganas, a base de temas de rock clásico con los que volverse tarumba con tanto grito desgarrador. Pero de repente Biram se calmó al entrar en una melancolía espontánea. Apaciguó la sala con canciones pausadas como “Slow & Easy”. Parecía que estuviese contando una historia tristísima a todos los espectadores. Con los ojos cerrados narraba sus temas mientras los focos de la sala le envolvían con luces cálidas. Luego volvió a retomar el estilo country y el blues de la vieja escuela, con pequeñas tildadas de punk, y todos volvieron a la euforia inicial gracias a temas como “Alcohol Blues” o “Church Point Girls”.

Algo que me llamó soberanamente la atención fueron los toques Gospel que encierran sus canciones. Qué ironía emplear recursos de la música evangélica al tratar canciones que hablan de la América profunda, del pecado, el alcohol y de la obcecación religiosa. Sea como fuere Biram gritó esperanzador “¡Aleluya!” en más de una ocasión y muchos acudieron a su llamada alzando sus cervezas.

Tras casi dos horas y pico ofreciendo música Biram se despidió de la escena valenciana y desapareció del escenario. Pero a pesar de aquella ausencia aún podía notarse su paso al escuchar los comentarios de los asistentes. Todos coincidían en lo mismo. Biram “cocina” el solito su música y vaya si sacia.

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