Sansan Festival 2016, querer es poder (Parte 1)

Muchos echábamos en falta su localización original, ya incluso antes de pisar Gandia, de ver dónde se había integrado el evento, y de poder comparar ambos recintos. La falta de licencia de Wonderwall, trasladaba la tercera edición del Sansan Festival, a Falkata. Junto a la carretera, muy cerca de los edificios de apartamentos, en un espacio notablemente menor, y no acondicionado. Esto generó el descontento tanto de los vecinos cercanos al complejo, como de los asistentes que desde el primer día, trasladaron a la organización sus quejas por Facebook y Twitter. Falta de baños, limpieza insuficiente de los que había, no existencia de estos en la zona VIP o colas interminables en las barras… Así y todo, la organización, con perseverancia, ilusión y mucho trabajo, supo solventar algunos de los problemas y sacar adelante una complicadísima edición, que se cierra con 36000 asistentes en total: 8.500 el jueves, 9.300 el viernes, 10.200 el sábado y 8.000 el domingo.

De las críticas que tuvieron en el 2014, han aprendido que puntualidad y sonido son indispensables para que el público disfrute de los conciertos. Eso no se ha perdido en esta edición, y es de agradecer. Así mismo, muchas de las deficiencias que hemos encontrado, han venido marcadas por el recinto, y por la falta de colaboración y entendimiento del Ayuntamiento de Gandia con la organización. Es probable que Sansito haga turismo en 2017 y se vaya de vacaciones musicales a otro municipio de la costa valenciana.

Pocas horas antes de que se abrieran las puertas, se confirmaba la caída del tercer escenario y con ello la anulación de varios conciertos. Algunos de los grupos que se quedaban colgados, como Nunatak, LoveMeBack o The Purple Elephants, pudieron desquitarse en pequeños “Secrets Shows” a los que sólo se tenía acceso desde la zona VIP.

El jueves, Sr. Chinarro cortaba la cinta y estrenaba el escenario Master’s, muy acertado para estas tempranas horas en las que se disfruta la música de otra manera, con menos gente y con los sentidos mucho más despiertos. Seguido, Chucho hacia las veces en el escenario Desperados. Este año, como novedad, se sucedía un concierto tras otro, nunca solapándose y en un recinto que permitía acercarse (por proximidad) de un escenario a otro en instantes. Carmen Boza fue la siguiente, y tras su genial concierto, se rompía el momento cambiando totalmente de estilo y registro con Rayden, un grupo que poco tenía que ver con el resto de cartel y que no muchos conocían.

Llegaba la hora de los platos fuertes de la noche. Primero Miss Caffeina, que aparecían de traje. Tocaban en un festival por primera vez parte de su nuevo álbum Detroit, destacandoOh Sana!” y “Mira como vuelo”, que fueron algunas de las que más motivaron al público, junto con las más conocidas de discos anteriores, como la que es sello de identidad de la banda “Capitán”. No habían finalizado el concierto cuando algunos ya marchaban camino del Desperados, para coger sitio.

Izal, lo reventó. Ni movernos podíamos, con la cantidad de gente que se apelotonaba y no es que estuviésemos en las primeras filas. No sé si por fervor o por el frío que hacía esa noche, pero allí estábamos todos como sardinas en lata. Eso sí, desde principio a fin, sin dejar de cantar ni una sola canción. Es de admirar lo que han conseguido estos chicos en pocos años. Comenzaron con “Copacabana”, y a pesar de no ser su mejor disco, justo diría lo contrario, hicieron uso de él mayoritariamente. Cómo no podía ser de otra manera, para las finales dejaron “Qué bien”, “La mujer de verde” y “Pánico práctico”. A ver si en algún concierto de los muchos que les quedan por delante este año, la rescatan y nos sorprenden con “Eco”, que también es de esas especiales.

Cerrando la noche del jueves, Dinero puso toda la carne en el asador, consiguiendo que gran parte de los asistentes aguantara dentro del recinto, a pesar del frío y el viento que soplaba. Nunca han querido etiquetarse como indies, pero está claro que en este ambiente conquistan y que son muchos los temazos que nos hacen bailar en los festivales de esta índole.

El viernes, casi abríamos las puertas, porque nos comía el ansia por ver a Amatria. Y mereció la pena saltarse el café y la siesta, porque aquello se convirtió en un tardeo en toda regla. Auguramos un gran éxito en los próximos festivales, para este trío capitaneado por Joni Antequera, pero seguro que en horarios muchos más nocturnos.

Ángel Stanich, fue la pasión. La que derrocha y la que pone sobre el escenario, entre sus botas y las tablas y en su guitarra. Se marcó un buen concierto, corto tal vez, porque habló constantemente con el público, pero lo suficientemente completo, sin dejar en el tintero ninguno de sus hits.

Después les tocaba a los de la tierra. Modelo de Respuesta Polar, que no terminó de cuajar, y La Habitación Roja, que por el contrario, llenó el recinto de sanseritos. Presentó canciones de su nuevo disco, a la venta inminentemente. Pero deslumbró con las canciones que todos esperábamos y que ya se han convertido en himnos, como es el caso de “Indestructibles”.

Corizonas, lo volvieron a hacer, y es que nos tienen acostumbrados a grandes shows. Al igual que Luis Alberto (L.A.) que presentó un espectáculo de luces algo diferente a lo que ya tenemos visto.

Con las Nancys Rubias, se desató la locura y de repente el recinto comenzó a llenarse. Y a bailar…

La gran triunfadora de la noche, sin duda fue Fangoria. Será de los conciertos que más se recuerden de esta tercera edición del Sansan Festival. Era su primer concierto del año y se notaron las ganas. Sorprendía el montaje en el escenario con esos cuerpos geométricos que se iluminaban, haciendo referencia a su último éxito “Geometría polisentimental”, de su recentísimo disco “Canciones para robots románticos”. Con cambio de vestuario incluido, como cabía esperar, la cantante nos deleitó con clásicos como “Mi novio es un Zombie”, “Miro la vida pasar” o “A quién le importa”. Fue todo un espectáculo.

Y siguiendo, para dejarnos ya la poca energía que nos quedaba esa jornada, Varry Brava, que con sus ritmos y sus letras desenfadadas, nos hicieron disfrutar hasta bien entrada la madrugada, donde Eme Dj, puso el broche final.

Foto: Sergio F. Fernández. 

Crónica: Nura Dahoui.

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