Un renovado Polock destapa su nueva apuesta en el Botànic

El ambiente era cálido. La expectación de algunos por ver un formato acústico de Polock (se intuía que no iba a ser formato simplista tipo FNAC o vídeo acústico) era grande, y la cola justificaba dicha emoción. El espacio idílico de Sons al Botànic reluce las últimas coletadas de atardecer. No perderé tiempo en adjetivar el lugar, pues es de sobra conocido por todos por lo tranquilo y plácido del enclave para disfrutar un buen concierto. El precio lo merece.

Pero también merece que el escenario lo justifique, su artista, y su propuesta. El ambiente cálido paso a gélido en cuanto se vio a tres de sus miembros esperando en la antesala. Había tres teclados distribuidos por el escenario. Cuestión formato solucionado. Obviamente se traían algo entre manos. Lo que no esperábamos era la realidad que se avecinaba. Subieron en forma de trío, con la ausencia de Alberto Rodilla y Sebastián Benavente. Sin mediar palabra y solo avisando de que van a poner en fase experimental este formato, se adentran en el setlist. Lo que sí sabíamos, es que el setlist se compondría de los cortes ya conocidos de sus dos LP’s, “Getting down from the tres” y “Everlasting.

“Sometimes” fue el comienzo. Un comienzo frío. Lo sorprendente era, como músicos polifacéticos que son la totalidad de la banda, su capacidad de defensa. Las condiciones podían haber estado muy desafortunadas. Lo digo, por el hecho de ser una banda que normalmente va arropada con toda su caballería. Hoy no solo iban a pelo, sino que faltaban dos miembros. Y desde luego, consiguieron salvar con un notable su propuesta, encajando golpes de sorpresa. Entre canción y canción del setlist no aconteció nada extraordinario. Después de “Tangerines & Unicorns”, “Memories of Lu” y “Faster Love”, siguieron “Tangles”, “Not So Well” y “Freak City”. Cabe destacar el cambio de registro que consiguieron en todos estos temas, pero sin violar la sabia caracterizadora de cada pieza. Se estaba viviendo una clase de transfiguración formal.

“Fireworks”, sigue pareciendo llevar el estandarte de clásico ya entre el conglomerado de nuevo y viejo público. Los usuales la ven como estandarte del grupo, los nuevos buscan ese estandarte casi ciegamente. Después de “Internet Porn”, “Everlasting” salió a medirse con el termómetro FIFA, y no defraudó, salvo que es un tema en el que la ausencia de teclados si ve afectado al cambio de registro de su interpretación.

Fríamente, se despidieron los músicos al bajar del escenario (no sería justo no comentar que la frialdad es marca de la casa).

El público estaba dividido cual territorio británico. Las filas delanteras bailaban bien nutridos. Los de detrás casi pasaban del concierto. Fue sold out, según comentan en redes, pero el público actuaba como si pagar 15 euros para estar contando chismorreos fuera tan digno como quejarse de que el PP ganara las elecciones.

Hay que decir que parte de la culpa fue un Polock que no alcanzo las expectativas, estando el público acostumbrado a la perfección que les define en cada concierto. Insisto, el concierto lo defendieron a capa y espada, demostrando que miembros como Pablo Silva pueden ser el pilar que sostendría un concierto prácticamente solo. Consiguió juntar a veces casi a cuatro brazos las esencias melódicas de la formación. Cabría ya sólo preguntar al resto del público si justificaban los 15€ del concierto con ese show, que no llegaba a la altura de cualquier otro concierto que servidor recuerde la banda, y gran parte de ellos por mucho menos la entrada.

Termino esta reflexión y llega el bis. Tema nuevo, “Roll The Dice”, que ante el desnudo, no se puede apreciar del todo, aunque apunta lejos, como muchos de sus temas. “Bronze”, uno de mis cortes favoritos, cerró la noche, y me fui con la esperanza de ver relucir a Polock en eléctrico de nuevo, con su nuevo disco, y probablemente, nuevo formato.

Crónica: Joecar Hanna

Fotos: Sergio F. Fernández

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