Red Buffalo + The Hackensaw Boys: Alguien ha metido una serpiente en mi bota

Anoche se vivió en la Sala Loco Club uno de esos bolos que dejan buen sabor de boca, te envían a casa con una sonrisa, y permanecen en la colección de conciertos memorables durante mucho tiempo, lo que no es moco de pavo.

En primer lugar, saltaban a las tablas los Red Buffalo, adelantándose al horario previsto por exigencias de la sala, y cumpliendo con la a menudo tan ingrata tarea de abrir fuego para los cabezas de cartel, esta vez ante un aforo que apenas llenaba en aquel momento la mitad de la sala. Sin embargo, no se les puede negar oficio y entrega a unas de las revelaciones de la temporada pasada, y aunque por momentos no se les acababa de ver demasiado cómodos, dejaron patente el buen hacer adquirido a merced de su aún corta experiencia. Una banda bien ensamblada, en que cada miembro lo da todo, y sobre la que un servidor no puede dejar de evitar tener la sensación de que en formato eléctrico alcanzan una mayor profundidad y densidad a la que tal vez les cuesta llegar en ocasiones en acústico o semiacústico. Tiempo al tiempo. Como momento a destacar, la estupenda e irreconocible versión del “Hotal Yorba” de los White Stripes con la que cerraron una actuación que se antojó corta, mal endémico de teloneros con la suficiente entidad ya de encabezar cualquier cartel, como son ellos. Lo bueno, si breve…bueno, pero breve.
Se habían completado ya tres cuartos de aforo, la máxima capacidad que alcanzaría la sala (la competencia anoche era dura), cuando el Dirty Bird, autobús con el que The Hackensaw boys (foto principal) llevan de gira desde el año 2000, aparcó sobre el escenario. Desde luego, no se puede decir que los siete de Virginia hagan gala de un amplio registro estilístico, si bien no se puede señalar ningún otro nombre en la actualidad que desarrollé su estilo mejor que ellos. Ese hecho, y la conciencia de hallarse ante una singularidad entre la oferta de conciertos de la ciudad, hicieron que se congregase una audiencia muy heterogénea (impagable ver a un punki con cresta bailando hillbilly) entre la que se vio a varios reconocidos músicos locales de estilos a priori muy, muy alejados delcountry o bluegrass.

Las expectativas eran altas, y no fueron defraudadas en absoluto, tanto entre los que ya traían la lección bien aprendida de casa, como entre los que nos acercamos por curiosidad. Incontables los “Yi jaaaas” que logró la banda arrancar del público durante sus casi dos horas de divertidísima actuación, actuación que es posible dividir en dos partes bien diferenciadas: la que tuvo lugar sobre las tablas, y aquella que se desarrolló entre el público, ya que la banda cerró show bajando de escena e interpretando sus cuatro últimas canciones agrupados en circulo entre una audiencia a la que esas alturas ya le resultaba imposible dar crédito. Es arriesgado traer bandas como esta a Valencia, pero visto lo visto, resulta muy de agradecer que en ocasiones las salas se la jueguen con apuestas tan en las antípodas del mainstream como los Hackensaw Boys, sobre todo por bien del público. Puedo asegurar que el que estas líneas suscribe todavía sigue a ritmo de “Yiiii ja”, y seguro que no soy el único entre los presentes el jueves noche en Loco Club.

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