Reconciliarse con Sr. Chinarro

Discutir con Antonio Luque es fácil. Entiéndanme, enfadarse con él en plan sonoro. Dejar de escucharlo un tiempo porque has alcanzado un punto de saturación. Reprocharle calladamente que sus dos últimas referencias no han satisfecho tus elevadas expectativas.

Pero aunque estés algo cansado porque el viernes apretaste, te plantas en un concierto como el del sábado 12 de octubre en el Espai Rambleta. El espacio lo merecía. La formación de acompañamiento (luego la presentamos) era de excepción y valenciana. El artista, lo sabes, sigue siendo uno de tus preferidos. Acierto.

Al estar enmarcado dentro de los ‘Concerts de Benvinguda a la Universitat de València, y bajar drásticamente el precio de la entrada, se rozó el lleno. Sin tener claro que todo el auditorio entendiera la propuesta, fue arrancar la banda y se hizo el silencio, en consecuencia la música. Es fácil domesticar y encandilar cuando se crea pop perfecto desde los aperos que el mismo arte precisa: guitarras (dos), bajo, batería y teclados. Si tenemos en cuenta que la guitarra principal la sostiene Pau Roca (LHR o Lost Tapes) se pueden hacer una idea. Aun así se lo cuento: Acaricia la manoseada Fender el de la Eliana con esa destreza de un pintor al que igual le da por colorear un óleo que pegar distorsionados brochazos. Lo hace igual de bien. Más volumen en su instrumento tampoco hubiera importado. La chulería y contundencia (aunque cuando quiere puede ser también terso) de Marc Greenwood al bajo y los paisajes sonoros que trazó Jordi Sapena (a veces también guitarra y coros) completaron la facción Habitación Roja. Añádanle los latigazos milimétricos y el hacer clásico de Alfonso Luna (Tachenko) a la batería y ya lo tenemos: un bolazo. Además, en un par de temas (“Más grande que Barcelona” y otro) Ernest Aparici (Polonio) adhirió trompeta. Eso sí, único punto negro, regular sonorizada y poco audible.

Antonio Luque se sabía sonando bien y seguro, y le dio por cantar mejor que en la vida. El sevillano estaba feliz, alto y delgado. Pelo desaliñado, camisa blanca y zapatillas de pescador, se mostró, como es habitual, jocoso e indescifrable en sus comentarios. “Lo hago a propósito”, me dijo luego. “Cuando quiero que se me entienda, no te preocupes que me esmero en ello”. Pedir a las autoridades más esfuerzo en rellenar espacios culturales como Espai Rambleta y menos circuitos de Fórmula 1, fue de los mensajes que sí quiso que llegaran.

Su cancionero es extenso, y muy complicado debe ser plegarlo y seleccionarlo a las exigencias de una actuación de hora y media, como fue el caso. Dejando más de lado sus primeras y más crípticas referencias, Sr. Chinarro atacó en mayor medida con la artillería que va desde 2006 (El Mundo Según) hasta la actualidad; ahí donde empezó su etapa más accesible (que no mejor…ni peor). Que yo recuerde, entraron en el setlist: “Hot Mothers”, “Una llamada a la acción”, “Del Montón”, “Todo acerca del cariño”, “Babieca”, “Cero en gimnasia” “El gran poder” o “Alfabeto Morse” . Bien es cierto que “Quiromántico” (canción familiar para LHR pues ya se marcaron una estupenda versión) o “El Rayo Verde”, precisas, cayeron.

Para cerrar fue esa obra de arte del pop en castellano que es “Los Ángeles”. No hacía falta más. A él le importa un comino. Pero yo le perdono.

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