Panorama musical en Valencia: el estado de las cosas

Termina 2011 y llega el momento de hacer balance. En las próximas semanas repasaremos los discos más destacados en el ámbito nacional e internacional, pero después de un año en el que la crisis ha seguido afectando de manera directa a la industria y se ha vuelto a insistir en que el directo es la única salvación para la música pop rock, hemos convocado a diversos representantes de la escena local para tomar el pulso a la realidad valenciana. Como se suele decir, aquí no están todos los que son (misión imposible, por otra parte), pero es indudable que sí son todos los que están. Quince músicos en activo responden al mismo cuestionario sobre la música en directo y el panorama local. Sus opiniones pueden servir para conocer el estado real de la situación en una ciudad en la que el victimismo casi siempre se ha impuesto a la autocrítica.

 

EL FACTOR PÚBLICO

Con la excepción de Gilberto Aubán (Gilbertástico), que afirma que «normalmente acude suficiente público, aunque siempre hay días raros», el resto de encuestados creen que la asistencia a los conciertos no es la deseada. Miquel Àngel Landete (Senior) aduce que el público acude «solo en casos concretos de propuestas mainstream (Franz Ferdinand, Manu Chao) y si es gratis». Manel Hurtado (No-Frosth) apunta: «Hay salas en Valencia que se esfuerzan en preparar una buena programación, pero, aún así, a veces están medio vacías». Y Carolina Otero (Lülla, The Someone Elses) redunda en el problema. «No acude suficiente público a los conciertos, ni de bandas valencianas, nacionales o extranjeras que pertenezcan al underground. Sin embargo, los conciertos falleros, de esa España de charanga y pandereta que decía Machado, están llenos».

En cuanto a las causas que han derivado en la situación actual, Pablo Maronda aporta una visión personal. «Faltan propuestas. No digo que las promotoras locales no programen bien, pero a mi no me basta con Bonnie ‘Prince’ Billie o Elvis Perkins. Quiero ver a Miles Kane, Pete Doherty o The Last Shadow Puppets, que nunca vienen», afirma. «Por otro lado, la gente no tiene tradición de ir a conciertos y no dispone de dinero», apostilla.

Paco Beneyto (Midnight Shots) coincide en el motivo económico. «Es el impedimento típico en mi caso y en el de mi entorno. Y supongo que la necesidad de coger el coche para acudir a determinadas salas también supone un problema para muchos».

Manolo Bertrán, de los veteranos Doctor Divago (más de veinte años de carrera), ofrece una perspectiva más global. «Con los años, la música en directo se ha devaluado mucho, sobre todo en salas de mediano y pequeño aforo. La gente, en general, se asusta en las taquillas, no está arraigada la costumbre de pagar por ver a unos músicos que tocan en directo, y mucho menos si son de tu ciudad o de tu barrio. Tampoco bares ni bandas trabajan lo suficiente la promoción».

Por su parte, Tono Márquez, que compagina su trabajo como músico (Los Glurps!) con su faceta de promotor (Let’s Go Promociones), apunta más razones. «Por un lado, la ciudad tiene muy poca cultura musical. ¿Como es posible que un espectador vaya a un concierto de cuatro grupos por seis euros y aún pregunte si hay consumición con la entrada? Por otro, hay mucha oferta para tan poca demanda: un viernes pueden tocar más de cuarenta grupos, y no hay tanto público. Un sabado cualquiera hay más gente en el Umbracle que en todos los conciertos de Valencia. Se comportan como borregos: Si hay fiesta, se apuntan todos. Así se explica que haya quien va al MTV Winter y ni siquiera sepa quién toca, y lo digo porque lo he visto».

Frente a la posibilidad de que las propuestas de los grupos (locales o de fuera) puedan resultar poco interesante para el público, el argumento de la falta de cultura musical gana peso. María López (Moonflower) comenta: «La cultura musical se está dejando olvidada en algún rincón. Se promociona la música comercial y se olvida que hay otras músicas que tienen valor y son las grandes desconocidas. Los carteles de los festivales se repiten escandalosamente año tras año. No se apuesta por nuevos grupos, pocos arriesgan, y eso perjudica a las bandas pequeñas».

Bruno Escamilla (Crimentales) apunta: «La música popular no se percibe como cultura, sino como entretenimiento, y para entretenerse y divertirse hay muchas más opciones que los conciertos». En la misma línea se pronuncia Guillermo Artés (Guillemka). «La educación y la cultura no han sido prioridades para la mayoría de los gobernantes y familias de este país. El rock es cultura, no una excentricidad juvenil. Hay público, no vivimos en un desierto, pero sólo se puede ampliar si existe una población con suficiente nivel cultural».

 

AMIGOS PARA SIEMPRE

El asunto se torna más complicado cuando se plantea que los propios músicos también son público y que, de hecho, acudir a conciertos debería formar parte de su formación. ¿Apoyan los músicos valencianos el circuito de conciertos o se limitan a ir a ver a sus amigos? Gonzalo Fuster, miembro de los emergentes Trinidad y solista bajo el nombre de El Ser Humano, responde: «Es una pregunta complicada, porque la mayoría de gente que toca en bandas se conoce entre sí».

Néstor Mir asegura que antepone «ver conciertos de grupos locales que ir a lo de grupos nacionales o internacionales», al tiempo que añade: «No creo que sea viable que la escena se cimente en la asistencia de los músicos a los conciertos de los otros músicos. Es un espejismo en el que hemos vivido mucho tiempo y no nos ha llevado a ningún lado». Tono Márquez se posiciona de manera diferente: «No creo que ni el 5% del publico que va a ver a una banda local no sean amigos, exceptuando unos cuantos grupos que tienen cierto poder de convocatoria».

Manolo Bertrán añade: «Lo ideal sería que hubiera interés y apoyo entre las bandas más allá de amiguismos, rivalidades e incluso estilos. Pero aquí, al final, cada uno hace la guerra por su cuenta y no está obligado a nada. Mal vamos si nuestro objetivo sólo es que vengan otros músicos a vernos». Sin embargo, parece que eso es lo que courre, como comenta Vanessa Prado (La Gran Alianza). «Muchas veces, los grupos locales solo van a ver a sus amigos, así que tienes que tener muchos amigos, porque si no a tu bolo no va a ir ni Dios. El colegueo se está convirtiendo en un factor cada vez más importante, y eso va en contra de si el grupo en cuestión es mejor o peor».

En todo caso, atendiendo al público que puede verse en las salas, parece evidente que los músicos valencianos acuden con más frecuencia a ver a sus amigos que a bandas que desconocen, fenómeno que indica el carácter endogámico de la escena local. María López tiene «la sensación de que, muchas veces, los músicos valencianos se agrupan en pequeños clanes. Aquí cada uno va a lo suyo». Por su parte, Vanessa Prado apunta: «Los grupos valencianos se mueven mucho por amistad, se arropan mucho entre ellos, y los que no están todas las noches en todos los bolos o en los sitios de moda padecen cierto riesgo de exclusión. La escena valenciana es endogámica e indulgente en exceso. No importa tanto la propuesta como la buena relación social que pueda haber».

Maronda abunda en el tema: «Si eres de aquí y no le lames el culo a los grupos que se supone que hacen lo mismo que tú, o dices que no te gustan, te ponen a caer de un burro, aunque luego, en petit comité, todo el mundo te dice que lo de los demás es una mierda. Somos unos acomplejados y unos bienquedas».

Jorge Pérez (Tórtel, Maderita, en la foto) apuesta por «no acomodarse en la escena local, con los amigos y los detractores de siempre. Se ha de mirar más allá de los altos muros que rodean esta ciudad, abrir perspectivas. El riesgo siempre está en otra parte».

Paco Beneyto se posiciona con claridad. «No me parece bien que la escena sea endogámica, ni que la gente sólo escuche un estilo o esté aferrada a un movimiento o década concreta».

En el otro extremo, Bruno Escamilla, que opina que «se tiende a no valorar lo local, mientras abrazamos sin prejuicios otros productos que vienen de fuera, otorgándoles un valor añadido de credibilidad».

Por su parte, Néstor Mir asegura que «la escena valenciana es muy diversa y muy poco endogámica. Tendría que trabajar muchísimo más por desarrollar el diálogo, el debate, el trasvase de información, de experiencias etc. No puede ser endogámica una escena que no existe ni voluntaria ni homogeneamente como tal». Así que, al final, resulta que lo que no existe es la escena valenciana, como ratifica Miquel Àngel Landete. «Aquí lo único que tenemos son un montón de bandas y artistas, sin público ni medios. Eso no es una escena ni de coña».

 

¿AUTOCRÍTICA?, NO GRACIAS

Hay que remontarse muchos años (décadas, en realidad) para encontrar la primera vez que un músico valenciano se quejó de la escasa atención que se les presta fuera de su ciudad. En ocasiones, da la sensación de que existe un complot de los medios estatales para ningunear a las bandas locales. Nadie parece haber reparado en que, quizá, sus propuestas no interesen o puedan resultar inferiores a otras que sí llaman la atención a nivel nacional. Néstor Mir: «En Valencia hay muy buenos grupos que no tienen la repercusión que los de otras partes de España, pero esta situación no es culpa de que no nos hagan caso fuera. Lo que pasa es que no nos hacen caso dentro, es decir, la industria musical valenciana es nula, no hay managers, no hay discográficas, no hay promotoras, no hay radios dedicadas a la música independiente ni una televisión valenciana que nos apoye».

La mayoría de encuestados pasaron por alto la necesidad de autocrítica entre los músicos valencianos, pero no todos. Landete matiza: «Falta autocrítica, pero es por la isla y desierto cultural en el que vivimos. La autocrítica llega con el tiempo y las experiencias acumuladas. Es imposible practicarla cuando no tienes la oportunidad de tocar en otro sitio que no sea el bar de tu barrio».

Maronda, por contra, cree que «el victimismo es el discurso de quienes aburren hasta a las piedras». Bruno Escamilla concluye: «Falta autocrítica y trabajar duro para competir a nivel nacional e internacional».

 

 

CAMINOS DE SALIDA

No es fácil superar el círculo musical local

Vanessa Prado asegura que «en Valencia hay talento, pero es como si uno escribe un best seller y solamente se lo da a leer a sus amigos. Nadie se va a enterar. Con la música pasa lo mismo: si los músicos no son más críticos, se exigen más a sí mismos, y trabajan más aspectos aparte de los musicales, entonces todo queda en casa. En nada, al fin y al cabo». De manera similar se manifiesta Guillermo Artés: «El talento sólo funciona con mucho trabajo. ¿Está todo el mundo dispuesto a desarrollar una carrera musical hasta las últimas consecuencias? Es un camino muy duro. Independientemente de tus ganas, moverte y tocar fuera de casa es difícil. Mejor si tienes una buena agencia de management o discográfica que apueste por ti».

María Bonet aporta la opinión de quien está dando sus primeros pasos. «Es muy difícil salir a tocar a otras ciudades, porque supone una gran inversión (viaje, alojamiento, comidas y alquiler de la sala) y es duro de afrontar por parte de los grupos pequeños, que no tienen ninguna garantía de que en los conciertos fuera acuda una cantidad razonable de público que te permita, al menos, no tener un gasto excesivo. Por eso al final acabamos un poco recluidos en Valencia, donde, después de haberte recorrido las salas de la ciudad, ya no te quedan muchas más oportunidades».

La reflexión final de Manolo Bertrán resume el sentir de muchos músicos. «Creo que es fundamental quejarse menos y quitarse de encima cierto complejo de inferioridad por parte de todos. También dar amplia cancha en los medios a las bandas de la tierra que se lo curran, generar interés y acabar con esa fea etiqueta de Escena Local para toda banda de aquí. Y seguir trabajando todos con una actitud positiva».

 

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