Pájaro: Costaleros del surf

Pájaro tocó hace algo menos de un año en el Loco Club. Entonces éramos ciento y pico personas que flipamos con el tremendísimo directo de un grupo sobrado de clase. Anoche repetía escenario.

Como es habitual en nuestra ciudad, las puertas de los garitos de música en vivo se abren tarde para que mantengamos la costumbre de cenar a las diez. Esa demora me permitió dar una vuelta por el barrio de Arrancapins y comprobar que hay más bares que hubo, que algunos conservan su antiguo nombre y que muy pocos mantienen su esencia. La Bodega Valero, alternativa hoy, recibió en su día chavales a beber “zarza” cuando volvían de jugar al fútbol en el cauce del río, justo debajo de donde está situado ahora centro comercial de Nuevo Centro. Hace de eso cuarenta años.
El barrio, huérfano de escoba y manguera durante todo el tiempo, demasiado, en que el dinero de la ciudad se lo pulían en crear la marca Valencia esos amiguetes, destila un narcotizante olor a urea de perro en las calles menos concurridas. Rita,¡¡que limpies!!

El deambular me llevaba por la acera de enfrente al Loco Club, en Erudit Orellana, cuando veo un grupito de cuatro melenitas que, emparejados, se dirigen hacia la calle El Palleter. Primero dudo, y pienso que son unos fans que llevan el look de la tribu Pájaro, pero no, son ellos mismos, in córpore.

En los días anteriores había contactado vía redes con el propio Andrés HerreraPájaro, apodo que da nombre a su grupo y que seguramente se ganó por como silba de bien o por ese perfil tucán que también le identifica. Le abordo, le tiendo la mano y le pregunto retóricamente, ¿Andrés?. Afirmando con la cabeza y señalándome a su colega con la otra mano me responde, yo sé quién eres, tú eres mi amigo de Facebook de Valencia, te presento a Paco Lamato, productor de Pájaro.

Le explico brevemente el motivo por el que quería hablar con él, ellos, y Paco, que también lleva Happy Place Records, me indica que colaborarán en lo que les propongo (pronto lo sabrán, ahora no viene a cuento) y que use su dirección de mail. Quedamos para después del show, pero antes de dejarles con otros que les saludan le digo a Paco lo mucho que flipé con su juego de guitarras en la anterior actuación en Valencia. Me dice, un curro, nos ha costado un curro (con un poco de acento sevillano).

Me encamino a la puerta del club donde solicito que me guarden el poster de Pájaro que anuncia el bolo, con Blue Marinos como teloneros. Dentro, un soul-blues algo guarrete ameniza la espera de unos pocos que nos distribuimos equidistantes, alrededor de las paredes de una sala cuyo centro permanece vacío. Somos tan pocos que me permito elegir una de las sillas altas de madera para colocarme a la derecha, junto al puesto de merchanque acertadamente han acomodado en una nueva ubicación. Ese nuevo sitio es el suyo.

El responsable de la venta de discos y camisetas del grupo, socio de HappyPlaceRecords, me dice que lo mismo que pasa aquí sucede en general. El público que ya comienza a llegar, tiende a ser mayor, y echan de menos que haya más gente joven, un segmento que aún no les ha descubierto.

Los nuevos parroquianos van llenando la sala de fuera adentro, dejando una isla desierta en el centro, una isla cada vez más pequeña. Entre los que llegan, una cara conocida, la de la ex ministra de cultura, Carmen Alborch. No es la primera vez que la veo en esta sala. Me pregunto yo, y le pregunto al merchan. Sí, la anterior visita de Pájaro ya estuvo. Es fan. En algo coincidimos, pienso.

Blue Marinos visten camisas iguales. Cómo les diría. Una camisa “diferente”, que muchos no vestiríamos, pero que en el mundo de fantasía, en su mundo instrumental, sin palabras, que ahora comienza, tiene un significado. ¡¡ Nos vamos de surfffffffffff !!

Los Blue Marinos suenan finísimo, aunque experimentan la difícil situación del telonero, y comprueban lo complicado de realizar un warm up para levantar al perezoso. Pero lo consiguen canción a canción, porque el surf también es sentimiento, y estos marinos adoran el surf. Para los que no lo conozcan, recomiendo El Sótano, un programa de Radio 3donde cae bastante surf, que comenta cada día laborable Diego R. J.

La ex ministra, bajo las luces de un rojo anuncio de Coca-Cola luce espléndida, roja también, paradójicamente, y observada desde el otro lado de la sala parece una Sofía Loren pelucona y ex divina. Y por ello más divina aún. Ríe continuamente.

Cuando acaban los Blue Marinos, los miembros de Pájaro salen ellos mismos a cambiar pedaleras, probar y ajustar. Llevan ese look “rock sur”. Camisa manga larga oscura con algún fondo de puntitos o similar. Y alguno con chaleco negro ajustadito. Pelo largorollingstoniano. Patillas. En resumen, son R&R. Se lo creen y punto.

Paco Lamato no puede más y, junto a la puerta del camerino, arriba en el escenario, fuma ansiosamente. Se apaga la luz a las 00.29h. Pájaro. Tres guitarras eléctricas at front. Brutal (léase, brútal) surfsaeta-surf, de paso de semana santa. Acompasado y cadencioso. Los mismos cinco pintas de la temporada pasada vuelven a la carga. De locura. Atronador, racial y bellísimo.

Pájaro sí canta, aunque poco y en la lengua que aprendió de Silvio (los que hayan escuchado a Silvio y LuzbelSilvio y SacramentoBarra Libre o Silvio y Los Diplomáticos saben de lo que hablo). Y no solo me refiero al lenguaje verbal, esa mezcla aleatoria de francés, italiano y sevillano que Silvio dominaba a la perfección porque él mismo la inventó, sino también a un rock apegado a la tierra mediterránea, al folclore y a la tradición, una mezcla irresistible.

La excitación y la necesidad hace que Andrés y Paco compartan más de un cigarrillo en medio de una orgía de guitarras entre el spaguetti western, el Tito & Tarántula de “Abierto hasta el amanecer” de Robert RodríguezGabinete Caligari y la música que acompaña el paso de la Virgen Macarena.

Como el Grupo de Expertos Solynieve, que también rindieron homenaje a Silvio haciendo “Sureños” en su primer disco, también Pájaro son muy sureños, y se atreven con bolerazos en surf arrastrao o con versos de San Juan de la Cruz en un slow que debería recomendarse en cualquier vademécum para aliviar corazones, pero todo dentro de un espíritu infectado por el R & R e invadido por la fiebre del sur.

Sus componentes disfrutan en escena, hacen bromas, pero ojo, no me malinterpreten, Pájaro es un grupo muy serio. Si la suerte que merecen les acompañara, como esa señora ya ha hecho con Los Coronas o con Guadalupe Plata, por ejemplo, si cayeran en gracia a los programadores de un Primavera Sound, pongo por caso, podríamos ver a Pájaro tocando en LA o en NYC, y dejando el pabellón del rock patrio en alto.

Anoche solo faltó el corneta que en otras ocasiones les acompaña, pero eso dejó que fuera el propio Andrés el que silbara a la perfección sus bonitas melodías. Otro descubrimiento.

Las tocaron todas y, para nuestro deleite, en el bis, “Rezaré”.

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