Oh Libia!

Ya habíamos podido ver en una ocasión en Valencia al grupo alicantino Oh Libia! en directo y los que fuimos testigos aquella noche en la que apenas interpretaron 5 canciones nos fuimos con una sensación entre sublimadora y desconcertante.

Liderado por J.T. Prewitt y el jovencísimo Víctor Ramírez, Oh, Libia! es la conjunción de los anhelos de estos dos outsiders de nuestro tiempo. En un viaje a París conocieron aKen Stringfellow (de The Posies y productor de obras maestras como el Monster de R.E.M.) y, no se sabe cómo, le convencieron para que les produjese su disco debut homónimo, ya en la calle, y ahora en nuestras manos. Para completar la formación Víctor y J.T. siempre han contado con la ayuda del disparatado Óscar a los sintetizadores (cuyas vestimentas harían sonrojarse a los mismísimos Village People), Elena Martynenko al xilófono y a los coros, y recientemente se hicieron con los servicios de Juanjo Clausell(Pleasant Dreams) a los pianos. El disco cuenta con la colaboración estelar de Trevor Murrell (fundador de The Whan y batería de George Michel, Ub40 y Simple Minds, entre otros) y del mismísimo Ken Stringfellow.

Oh, Libia!, editado por Japanese Fucked Records, abre con “Open graves”, una suerte de hit que empieza enérgico y directo sustentado por la voz de Víctor, dulce pero firme. Poco después el tema baja revoluciones y mete al oyente en una especie de sueño del que ya no se vuelve.

A partir de entonces se turnarán J.T. y Víctor al micrófono. J.T. Prewitt es la faceta más lánguida del grupo, llevándote inevitablemente con su timbre al Elliot Smith de On a basement on the hill en el segundo corte, “All lost out”; con “Half words” llega el turno de la psicodelia pop, un ejercicio de estrofas descocadas con un estribillo infalible; ya en el cuarto corte encontramos una de las canciones más redondas del álbum, “Seventeen”, una balada suspendida en la melancolía de paisajes mágicos, en la que Víctor cita Nightswiminning (de R.E.M.) y suponemos que no por casualidad; después J.T. cantará “Desamparo”, una tranquila pero vivaz pieza acústica que ya va avanzando el viaje sonoro que espera en el resto del disco; pausa irremediable es lo que produce escuchar el principio de “The ladies”, canción que pronto da una bofetada amable al oyente y deja un pequeño hematoma en el tema, el cual no recupera su dulzura sino que se electrifica y termina explotando como una estrella en medio del universo; “Goodbye song #29” es el billete hacia una travesía onírica y espiritual, un paseo por el país del eco y del inconsciente; ya en la recta final del álbum volveremos a tener buenas baladas folk como “Lia Pam” que, como sucede en casi todos los cortes, empieza siendo un ángel celestial para poco después convertirse en un horrible monstruo y volver, al final, a su estado original divino; “Last Friday girl” reaviva el ritmo del álbum para dejar paso a Daniel Biscuits, un tema pop sencillo, efectivo e hipnótico que nos recuerda al mismísimo Daniel Jonhston; después, Oh, Libia! nos hará aterrizar con “Anxiety Sickness”, tema que, como dice su título, pese a su ritmo apaciguado, no deja de crear una tensión constante y, finalmente, se apagan los motores con “GR New Cross”, tema de especial reposo y reflexión.

Podríamos explicar más las canciones del disco debut de Oh, Libia!, pero quizás no llegaríamos a acercarnos a la realidad, pues ninguna de las canciones es lo que parece. Un primer álbum que no deja de sorprender, que apuesta por la originalidad no buscada y que es una pequeña enciclopedia de sonidos y sentimientos.

En definitiva, una de las grandes obras anglófonas nacidas en España.

 

Por Dédalus


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