McEnroe: corazón de música y lágrimas

Ver a McEnroe en el teatro nuevo Apolo es la ternura definitiva. Sentada en una butaca,  compruebo que la sala se llena. El chico que está detrás de mí comenta que lleva un mes esperando ver este directo y yo le digo a mi mismidad que veremos si tanta ansiedad ha merecido la pena.

Fuera luces, empieza el concierto. Una tímida luz enfoca a Ricardo Lezón mientras el resto de la banda está en la penumbra. “A veces me quiero despertar, necesito oírte respirar para sentirme vivo”. La gente escucha esta frase y aplaude con fuerza. Poco ha tardado en meterse al público en el bolsillo. Ahora McEnroe se decide por La cara noroeste, pronuncia eso de “extraña forma de morir, vivir pensando en ti” y los niveles de nostalgia alcanzan cotas altas.

Alguien aparece tras el telón. Es Pablo Jaén, guitarra y voz del grupo Gringo. Sonríe, se acerca al micro y canta Planetas junto a McEnroe. Tienen una complicidad especial. Presto atención a la parte instrumental y Sigur Rós es lo primero que me viene a la cabeza, ¡bendito post rock! Un par de temas después, Abel Hernández, el que fue productor de “Tú Nunca Morirás”, sale y tocan Los veranos, alimento básico para los deprimidos de a pie. Noto que estas canciones me están desmoronando anímicamente pero lo último que quiero hacer es salir corriendo. Hablan de cosas donde aparentemente no las hay, remueven el pasado y meten el dedo en la llaga más irritada. Pero me gustan, mucho además. Tienen una narración estructurada, no hay palabra que sobre, todo encaja.

Soledad Vélez se sube al escenario e interpreta Islandia. Toda ella es voz, sentimiento, fuerza. Está siendo un directo de apariciones estelares.

Ramón Rodríguez de The New Raemon, sale de repente. Impera el silencio. Vocaliza las primeras estrofas de La Palma. Voz acogedora, música suave, letra que sirve de receta para la reflexión. Me encojo de hombros y me fijo en la cara del público, todos están absortos, yo también. Cierro los ojos unos segundos. Es uno de esos momentos en que uno es brevemente consciente de lo cerca que está de la felicidad.

El directo llega a su fin con Las mareas. Los músicos que han ido apareciendo se reúnen junto a McEnroe. Hay muchos aplausos, sonrisas, amistad.

Al volver a casa pienso sobre lo que he visto y oído. McEnroe es un grupo maduro y diferente. Sabe cómo hacerte sentir bien y mal en una misma canción, cuenta lo que no sabes explicar, habla de ti sin conocerte. Pienso que me he sentido muy triste en algún momento del concierto, pero lo complicado es que todo me ha gustado, mucho.

Crónica: Carmen Sánchez Adán.

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