Matthew Sweet, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

Las entrevistas por mail son ya un clásico. Ofrecen comodidad y son el recurso más operativo en situaciones en las que resulta complicado entablar un encuentro, aunque sea telefónico. Por otro lado, en tiempos tan misérrimos como estos, cada vez son menos las disqueras y promotoras que se prestan a ofrecer phoners internacionales (entrevistas telefónicas) con los músicos. Y como ya sería surrealista que fuera el periodista (nula o escasamente remunerado) quien tuviera que sufragar los gastos de la llamada (¿les suena aquello de “además de puta, poner la cama”?), pues al final estos trámites se despachan con un mero cuestionario escrito, y santas pascuas. Ocurre que, a veces, el entrevistado no tiene demasiadas ganas de explicarse. Y ocurre también a veces (lo que es aún peor) que una entrevista que tenía prevista su publicación la semana previa a un concierto (en este caso, un festival), no sale a la luz hasta más de dos semanas después de su celebración, por la sencilla razón de que ni el músico ni su mánager han tenido ganas de buscar cinco minutos en sus apretadas agendas para responder un sencillo manojo de preguntas. Así que Matthew Sweet, no contento con deslucir sobre el escenario (con una formación en la que figuraban Ric Menck y Paul Chastain, de Velvet Crush) las excelencias de aquel estupendo álbum que fue Girlfriend (al menos eso es lo que opinan casi todos los presentes en su concierto del pasado 3 de septiembre en Benidorm, con ocasión del Turborock), tampoco parece que tenga ninguna prisa ni demasiadas ganas de hablar sobre su música, a tenor de lo parco de sus explicaciones. A continuación, el resultado de una entrevista en riguroso diferido. Así están las cosas.

Has estado recientemente de gira, recuperando el album Girlfriend (1991) en su totalidad, con motivo del 20 aniversario de su edición. ¿Harás los mismo en tus conciertos por España o dejarás caer también algún tema de Modern Art?
Tocaremos Girlfriend entero en España.

 

¿Consideras, como la mayoría de tus seguidores, que Girlfriend es el mejor álbum de tu carrera? Tanto si crees que es así como si no, ¿crees que el pedigrí neoyorquino que le confirieron la guitarras de Richard Lloyd (The Voidoids, Television) y Robert Quine (The Voidoids, Lou Reed, Lloyd Cole) fueron esenciales para que se convirtiera en el disco con el que llegaste a un público más mayoritario?
Creo que es tan bueno como cualquier otro de los discos que he hecho. Y sí, con toda seguridad, fue una gran combinación de elementos el poder contar con Bob y Richard.

 

¿Es cierto que el disco respondía a una cierta resaca sentimental tras una ruptura? ¿Por qué crees que esa clase de situaciones, de desengaño amoroso, suelen convertirse en una inagotable fuente de inspiración a lo largo de la historia del pop?
¡Sí! Ese bagaje emocional es el material del que se hacen las canciones. El disco fue la consecuencia de una ruptura y un enamoramiento posterior. Siempre es bueno tener las dos caras de la misma moneda.

 

A finales de los 80 y principios de los 90 participaste como guitarrista en la primera gira en solitario de Lloyd Cole, justo cuando él trataba de darle a su sonido un registro más norteamericano, tras la disolución de su entente con The Commotions: ¿Qué recuerdo tienes de aquellos tiempos?
Fue una época extraordinaria. Robert Quine también venía con nosotros. Tocamos ante grandes audiencias. La verdad es que Lloyd era un gran amigo y una auténtica inspiración para mí.

 

¿Cuál es el tono que has tratado de imprimir a tu nuevo álbum, Modern Art? En una primera escucha, parece el trabajo menos inmediato y más complejo de toda tu carrera…
Es más abstracto y requiere más tiempo de escucha para que uno llegue a hacerse con él, así que creo que vale la pena darle múltiple escuchas.

 

¿Crees que el término “Power Pop” se ajusta de forma taxativa para definir tu música?
Para mí está bien. Me encanta tener un hueco o un término en el que encajar. Creo que hago cosas que se salen de lo que todos entendemos por Power Pop, pero no me desagrada la etiqueta.

 

¿No crees que a veces esa etiqueta ha podido ser contraproducente, por reduccionista?
No lo creo. Incluso si se tratarse de un núcleo duro de fans que permanecieran en el underground, todos los fans son necesarios.

 

¿Qué te hizo grabar dos álbumes de versiones con Susanna Hoffs? ¿Fue fácil escoger las canciones? ¿Tratabais con ello de rendir homenaje a los artistas que compusieron los originales o vuestro propósito era reelaborar aquellos temas para darles un tratamiento ligeramente distinto al original?
Susanna y yo somos amigos y a mí siempre me ha encantado su voz. El sello Shout Factory nos pidió que hiciéramos el primer volumen, y luego el segundo. Yo diría que simplemente queríamos rendir tributo a esos temas. El año que viene, por cierto, editaremos un volumen con temas de los 80.

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