Maronda y Sr. Chinarro en un mundo mejor

Pasar del pegajoso calor de la calle al acondicionado ambiente del Wah Wah fue un alivio, tanto como poder olvidar el espantoso ridículo de la roja, que tuvo que finalizar para que los músicos tuvieran público.

Maronda hacía, con su acústica enchufada, de telonero de lujo. Y sé lo que digo. Un telonero como Pablo Maronda, incluso en versión solista, no es una cosa que vaya a ver todos los días el Sr. Luque. Antonio Luque, conocido como Sr. Chinarro, sabe bien el nivel que Pablo pondría antes de su aparición.

Aguantando la guitarra sin necesidad de colgarla, sin correa, haciendo brazos, Maronda comenzó su medida presencia con una canción nueva que defendió con una voz con mayor carácter. Muy bien para empezar. A partir de ahí, nos sigue dejando encantados con temas de sus dos discos: las luces resplandecen, los novios de Belmez, la cristiandad, la recriminación… Una selección gourmet, con un Pablo ejerciendo de chef de alta cocina.

Curtido por tantos directos como ha podido hacer en el último año, Maronda ha ganado seguridad, adquirido pericia, y se atreve con mayores retos vocales, que afronta con tranquilidad y soltura. Su guitarra suena también con potencia y sosiego a la vez.

Además, tuvo el conocimiento necesario para moderarse y finalizar con tan solo ocho canciones, más o menos. Así supo dejarnos, como luego él mismo me dijo, “con la miel en los labios”. Hubiéramos disfrutado un par más perfectísimamente. Lo hubiéramos agradecido. Se le pidió, pero prefirió el mutis. Sabio, Maronda.

Los intermedios en Wah Wah siempre se amenizan bien. Antes de que saliera el siguiente grupo sonó,  Belle and Sebastian (los colores pueden cambiar, pero The Blues are still Blue), Lori Meyers, que tocaban en Algemesí en ese momento, y así. Uno no se aburre en una sala que, además de bonita, tiene esas camareras, programa esa música y mantiene ese ambiente en el que uno se siente como en casa.

El batería y el bajista de Maga, Jordi Gil a las eléctricas y Luque a la acústica se presentaron ante sus fans, todos, con la sobriedad y esa profundidad de voz de Sr. Chinarro, que no da puntada sin hilo, ni en sus canciones, ni en sus comentarios entre ellas.

Me decía, al finalizar, el guitarrista Jordi Gil, que él apenas practica con la guitarra, aunque por su soltura y ejecución pueda parecer que no se la descuelga, y que es más importante tener la música en la cabeza que en las manos. Y me decía también que Sr. Chinarro escribe canciones con intención.

Y eso debe ayudar a que perduren, seguramente. Porque Sr. Chinarro, en esta versión más seca, en comparación con la que ofreció hace unos meses en La Rambleta, acompañado entonces por miembros de La Habitación Roja y por el batería habitual de Tachenko, fue desgranando su amplio repertorio sin que el paso del tiempo haya quitado rotundidad y picardía a canciones como: del montón, Babieca, María de las Nieves, etc.

Una actuación pensada, con alternancias, con momentos más borondón y otros más la fiesta terminó, con unas subidas y bajadas que debe agradecer a la enorme versatilidad de su guitarrista, Jordi Gil, que estuvo fantástico. Desde donde me encontraba, vi perfectamente ejecutar su maestría a Jordi y también como la camarera de la barra del fondo, la barra “roja”, entre el camerino y el escenario, tarareaba y disfrutaba con las canciones.

Maronda subió, al final, a hacer voces, reclamado por el grupo.  Y vaya si las hizo. Sin complejos, añadió su punto a Sr. Chinarro, que dejó a la parroquia encantada, once more.

Permanecí un rato más en la sala para escuchar la pinchada, muy buena, y ver si tenía oportunidad de hablar con Luque y pedirle que sea mi invitado en el programa de radio “Música SuperSnob” que se puede encontrar en www.i-radio.es, pero la ocasión se malogró ya que una groupie lo acaparó durante largo rato. Lo que me hizo pensar en una de sus letras que fue coreada momentos antes: en un mundo mejor… y lo que sigue.

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