Manos de Topo, o la proeza de los Lazarillos del nuevo Milenio

“Bienvenidos a esta terapia en grupo”. Así daba comienzo el discurso escénico de Manos de Topo, con una sala repleta de aspirantes a unirse al grupo de víctimas de San Valentín & asociados. Estos detractores del tópico amoroso fácil, ya llegaban con las trompetas en alza para avisar a Valencia que el 14 de febrero nunca fue rosa para todos. Ellos venían a traernos su verdad mesiánica sobre el asunto y a boicotear la víspera de tan pegajosa fecha. Pero antes de subir al estrado, buscaron a sus primeros cómplices valencianos para iniciar la noche, Pelícano.

Ofrecieron una más que digna muestra de todo su despliegue sonoro, alternando entre sus dos trabajos más recientes, uno de ellos aún sin ver la luz. Apostaron por el repertorio nuevo para la mitad del concierto y tres temas del EP: “El gran anticiclón”, “Cisma” y “Siete Cosacos del Cáucaso”, ésta última unida en una especie de instrumental-puente hilado con gracia a “Noche buena en el hipódromo”. Fascina las múltiples partes y cambios dentro de la construcción de los temas de Pelícano, característica que siempre me deja con los sentidos bien atentos. Las guitarras, eje central de su propuesta, consiguen crear una tela-base presente en sus temas, con las que personalmente no puedo evitar empatizar por gusto. Las cuerdas fluyeron al son de las melodías vocales, que demuestran pretender casi fundirse como un instrumento más.

Y tras el colchón de riffs de bienvenida tejido por Pelícano, llegó el momento a dar paso a los únicos gigantes que calzan botas de enano. Lazarillos del nuevo milenio que llegan con los pechos hinchados y una actitud de cíclopes, pero sin parecer querer desligarse de su pequeña puesta en escena, de juguetona humildad. Desde que servidor ya les vio empezar con sus “Ortopedias Bonitas”, su sencillez descarada, esa maldita-polémica-bendita voz y esos juguetes que llamaban instrumentos, y por delante ese primer lema (Somos Manos de Topo y no somos buenos, o algo así)  ya pude ver esa causa, en la que nadie había cavado aún una zanja para clavar su bandera.

Fue el Topo, y escarbó la suya propia. Viva la apuesta y los huevos. Nunca he encontrado fuente de contradicciones tan coherentes en el ejercicio del pop español: Mezcla de talento y austeridad musical, esa sátira tan afilada que revela una punta de seriedad y ceño fruncido, esa solemnidad que se convierte en broma de mal gusto, la surrealidad de su-realidad… En fin, y así empezó de sopetón “Collar de Macarrones”, que abre “Caminitos del deseo”.

Miguel Ángel demostró otra vez más el dominio de su prosa tintada en humor, pues el espectador no puede evitar seguir hipnotizado las palabras que guían la historia que hilan las canciones del set. Hasta aquí lo esperado, con un salto a “Tragedia en el Servicio de Señoras” para volver a presentar de lo nuevo “Fantasmas de tus agujeros” e “Ingeniería Nupcial”. En esta se nota un escalofrío que saca del estancamiento corporal al público (un poco). Algunos ya corean más alto. “Libros de autoayuda” e “Islas de luz” parecen hacer al público retomar sus butacas imaginarias. Las virtudes del naufragio, reza con razón este último tema… Con Manos de Topo todo puede verse como virtud.

7 diferencias” es sin duda el comienzo del cambio. A partir de aquí el público se entrega, mueve caderas y abre al 100% las mentes. “Animal de compañía” arranca con esos cánticos a coros que tanta personalidad tiene, aunque difícil de enganchar con el comienzo instrumental, pues el desafine está servido si no hay guía. Pero ¿A quién le importa?, son Manos de Topo, la gracia está en sus errores. “El cartero” es el primer asome de Ortopedias hasta el momento, y de ahí ligamos con “Tus bombas de Liceo”, “Maquillarse un antifaz”, “Pollo frito”, para llegar a “Bragas bandera” un tema que hasta ellos admiten, es una canción tan bonita que no parece de ellos. Y… “Morir de celos”, todos los fanáticos votamos repentinamente por nostalgia… hasta que se rompe la magia por un forzado bis, que, sin culpar a ellos particularmente, es algo que nunca entenderé porqué se sigue haciendo.

Es feo”, single que figura entre las canciones clave del pop español de lo que va de siglo. Y cerramos, con “Lógico que salga mal”, un diez de Outro, con un texto más empático que el discurso de Luther King,  un engatusamiento al baile random, hacer el ridículo, y que definitivamente nos convierte a todos en sus títeres para cerrar la noche.

En sus discos se nota el avance con The New Raemon metiendo mano en los últimos. Pero siguen teniendo la chispa de su directo sencillo y “ortopédico”, en consonancia con su esencia, sin perder calidad. Y por San Valentín, que siga siendo así, pues para todo necesitamos detractores, hasta del amor. Son únicos en su especie animal. De compañía.

Todas las fotografías realizadas por Estefanía Mora Hernández. 

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