Los Zigarros, la banda gana

Nada más meter la cabeza en el espacio que el Casino Cirsa Valencia ha habilitado para concebir conciertos tuvimos claro que aquello olía a ‘full‘. Sobre el escenario Los Igor y alguno, sin alejarse, tachaba el sonido de infame. Pobre la P.A. y mal diseñado técnicamente, al menos para actuaciones en directo, el lugar. La iluminación (los frontman tendrán hoy daños en la retina) le fue a la zaga. Más un salón de bodas que una sala de conciertos. Pero era el estreno del primer disco de Los Zigarros en su casa, y eso había que verlo.

Valorar el trozo de conciertos de Los Igor que pudimos catar se antoja complicado y sería injusto por lo arriba comentado. Rock urbano hijo de MareaFito y compañía que respiraba (sería la batería) aromas americanos. Mala pinta no tenía, y al respetable le encantó que hacia el final se marcara la enésima versión del «Knockin’ on Heaven’s Door».

Ahora tocaba acercarse a pedir algo. Una labor harto desesperante pues únicamente una barra y 3 (a veces 4) camareros abastecían a las alrededor de 600 personas que poblaban el ecosistema. Mientras, en le escenario, Los Zigarros y su técnico chequeaban con temor el instrumental.

Lo cierto es que desde el primer acorde nos percatamos de que esto iba a ser otra historia. Poder permitirse llevar técnico (y bueno) es lo que tiene. Eso no quita que el sonido siguiera siendo deficiente durante toda la actuación. Pero qué duda cabe, la banda salió airosa del envite.

Pero los hermanos Tormo (Ovidi y Álvaro) tienen el rock en los genes y es ponerlos sobre las tablas y ellos, sin poner excusas, se las comen con patatas. Tienen todavía poco repertorio (eso les hace tirar de dos o tres versiones por concierto -ayer, entre otras, Tom Petty– o repetir, en el bis, «Hablar, Hablar, Hablar») pero es efectivo como un disparo. No había más que ver los karaokes, bailes, empujones y desmanes que se formaron las primeras filas. La potencia de Adrián Ribes (batería) y el oficio del jocoso Nacho Tamarit (bajo y coros) secundaron a la perfección el claro liderazgo de las eléctricas guitarras de los rubios y altos filtros Tormo.

Por una parte, está claro, hacen rock sin aditivos. Rock y punto. Los RodríguezTequila o M-Clan (son ahijados) por aquello del castellano. Led ZeppelinJimi Hendrix o AC/DCporque son padres de cualquiera que se dedique a esto. Pero lo cierto es que cuando inyectan en sus canciones dosis de psicodelia, e incluso pop (a veces power), se vuelven exquisitos y se trasluce su verdadero potencial. Ejemplos: «Desde que ya no eres mía», «El día de los muertos» o «Voy hacia el mar».

Lo peor vino al final, en los bises. De repente, y por dos veces, saltó la luz. Amplis, pantallas, voces…todo por el aire. La gente, encendida, eso sí, seguía cantando. Alguno se pensará que estaba preparado. También puede ser que los mismos Zigarros fundieran los fusibles con su chorro de energía. Pensemos que así fue.

Esperemos que para futuras citas el Casino Cirsa Valencia refuerce y cuide más las condiciones sonoras. El lugar, en realidad, tiene su encanto. Eso sí, a mi que no me pidan ayuda económica pues perdí todo en la ruleta.

*(La foto está extraída del concierto que Los Zigarros dieron hace unos meses en la sala Wah Wah).

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