Loquillo: “Los teatros me infunden un respeto enorme”

El próximo 13 de febrero Loquillo actuará en el Teatro Olympia de Valencia acompañado de una banda de lujo. Y es que en su nuevo espectáculo, “A solas”, el catalán se muestra magníficamente acompañado. La exquisita formación que le secunda la componen Jaime Stinus (guitarras), Josu García (guitarras), Alfonso Alcalá (bajo y contrabajo), Julia de Castro (violín), Santi Comet (teclados) y Laurent Castagnet(batería).

Una oportunidad irrepetible de conocer su faceta más reflexiva y sensual a través de una puesta en escena cargada de un elegante sentido teatral, muy apropiado para el inmejorable e histórico espacio donde se desarrolla.

Loquillo aterriza en nuestra ciudad para repasar su trayectoria en solitario, aderezada con composiciones de grandes autores de la poesía española contemporánea.

En su último álbum, Su nombre era el de todas las mujeres, usted canta: “El multiculturalismo es un nuevo fascismo, solo que más hortera.” Desde luego, usted nunca se muerde la lengua. ¿Cuál cree que es el principal peligro de la corrección política?
En esta ocasión yo lo que hago es cantar la poesía de Luis Alberto de Cuenca, poner mi voz a sus versos. Pero el principal problema de la corrección política es mantener a un país en la inopia, porque lo que hay que hacerse son preguntas, dudar constantemente. No vivir siempre en la corrección.

No es la primera vez que usted dota de cuerpo musical a la obra de un poeta, aunque si es la primera que lo hace con un poeta estrechamente vinculado al mundo del rock. ¿De donde nace su relación con Luis Alberto de Cuenca?
Cuando yo hacía la mili en Cartagena me despertaban todas las mañanas con la canción “Hola mi amor, yo soy tu lobo”, de la Orquesta Mondragón, que escribieron él y Jaime Stinus, que hoy es mi productor, y ya entonces tenía ganas de conocerles para decirles cuatro cosas (risas). Fue en 1998 cuando Gabriel Sopeña y yo musicamos un poema suyo llamado “Cuando pienso en los viejos amigos”, y ese fue mi primer acercamiento a su trayectoria poética como tal, lo que hizo que posteriormente ya le pudiese conocer como persona y como amigo. Poder musicar a un poeta vivo no es algo que haya podido tener la suerte de hacer muchos cantautores.

Ha estado usted posponiendo este proyecto durante toda una década. ¿Qué circunstancias se han dado para que por fin pudiera ponerlo en marcha?
En primer lugar Luis Alberto tenía una serie de responsabilidades como Director de la Biblioteca Nacional, después Secretario de Estado de Cultura, y luego sus otros proyectos personales. Y por otro lado, también estaban mis proyectos y los de Gabriel Sopeña, y hasta que hemos podido coincidir todos a la vez, no hemos podido ponernos a trabajar. Lo que si teníamos claro es que hasta que él no dejase de tener cargos que lo mantuviesen en la vida pública, digamos, no íbamos a ponernos a trabajar en el proyecto y a publicarlo, porque no queríamos que se viera como un aprovechamiento de su situación. Y eso es algo que le honra. Seguro que otros no hubieran hecho lo mismo.

Con la cantidad y calidad de la obra de Luis Alberto de Cuenca, hay gente que solo se acuerda de que fue Secretario de Estado de Cultura con el gobierno de Aznar. ¿Cree usted que alguna vez este país abandonara su pensamiento sectario?
Me gustaría pensar que sí. Ese pensamiento es el típico pensamiento guerracivilista. Imagínate que yo hubiera musicado la poesía de Luis García Montero, ¿me estarían llamando ahora comunista? Es la pregunta que yo me hago. A lo mejor, ni siquiera me habrían dicho nada.

La trayectoria de usted en solitario me parece que a estas alturas ya habla por sí sola. ¿Cree que la gente que se llevo las manos a la cabeza con “La vida por delante” o “Con elegancia”, sus otros dos álbumes de poesía, han acabado valorándolos dentro de esa propuesta personal?
Yo creo que los que pensaban eso entonces lo siguen pensando ahora. Lo digo con toda claridad. Hay un público determinado que no entiende eso, me ven como alguien que solo hace rock ‘n’ roll. Piensan que solo sé y debo hacer eso, y que cuando hago algo diferente estoy como faltando a cierto decálogo del rock. Afortunadamente, son más los que me entienden en las dos facetas. A mí personalmente me da igual, estoy muy agradecido al público que entiende esta otra faceta mía, y me ha apoyado cuando he hecho estos conciertos. Esta es la quinta vez que hago una gira por teatros en España, siempre centradas exclusivamente en la poesía. Eso es muy difícil de hacer, y más aún cuando es una gira totalmente autogestionada, sin ningún tipo de subvención por parte de la administración ni por la fundación de autor de la SGAE. Cuando haces un proyecto de este calibre, arriesgado, llevando la poesía española contemporánea a los teatros, valoras mucho la respuesta de la gente. El próximo disco de rock que haga, se lo dedicaré precisamente a la gente que ha asistido a esta gira.

Usted lleva girando por teatros desde mediados de los noventa. ¿Se siente usted reconocido como precursor en este aspecto, ante la avalancha actual de gente del pop y rock que están optando por la utilización de estos espacios?
Yo lo que pienso es que muchos de ellos por fin van al teatro, que les hacía mucha falta (risas). Por otro lado, pienso que lo que hacen en muchos casos es banalizar un espacio que para mí es sagrado. Sí vas a actuar a un teatro es para ofrecer un espectáculo diseñado de forma adecuada para un teatro, lo que no puedes es ir a un teatro a ofrecer tu mismo repertorio de siempre con las guitarritas acústicas. Eso me parece una falta de respeto enorme. Ya hay espacios que están diseñados para el rock, siempre ha sido mi manera de entender. Hace diecisiete años, cuando ibas a un teatro a hacer lo que nosotros hacemos, te decían de todo. Ahora sigue habiendo gente así, pero mucha menos, nosotros fuimos los que contribuimos a este cambio de mentalidad. En ese sentido, siempre me he sentido a gusto haciendo esto, y voy a seguir haciéndolo siempre.

Su gira actual, “A solas”, se centra en su repertorio en solitario, con autores que van desde Benedetti, Brel, Brassens o Gil de Biedma a Sabino Méndez o Jaime Urrutia. ¿Usted trata de aunar mundos diferentes, o las barreras entre rock y poesía no son ya más que prejuicios del pasado?
Afortunadamente, son prejuicios del pasado. En su forma más básica, ambas son formas de expresión, y la mayoría de la gente ya lo entiende así.

Vive usted un momento particularmente dulce. El público abarrota los conciertos, y la prensa musical está rendida a sus pies. Sin embargo, ¿nunca se pregunta a donde podría haber llegado de haber seguido jugando al baloncesto, su otra gran pasión?
(Risas) A estas alturas ya estaría retirado. Me hubiera visto jugando en un equipo intermedio, no me hubiera visto en un Madrid, Barça o una Peña, pero a lo mejor sí que podría haber jugado en un Valencia Basket perfectamente. No hubiera sido una estrella del baloncesto, pero hubiera estado en la élite seguro.

Sufre usted de una particular incapacidad para quedarse quieto. No me diga que no tiene usted otro proyecto ya en mente tras finalizar esta gira…
Pues sí, la verdad es que tengo planeado volver a encontrarme con Sabino Méndez, después de cuatro años, y grabar un nuevo disco de rock.

En su primera novela, “El Chico de la Bomba”, usted decía que la transición fue una tomadura de pelo, un cambio para dejarlo todo como estaba. ¿Cree que, en parte, de aquellos polvos vienen estos lodos?
Pues sí. Aquello se hizo mal, y cuando las cosas se hacen mal, pasa lo que pasa. De todas maneras, vivimos en una democracia joven, y hay países europeos que nos llevan mucha ventaja. Hemos andado un tramo muy largo en muy poco tiempo. Hasta el año 79 no se podía escribir libremente una canción, porque la censura te la pedía. En poco tiempo nos hemos puesto a la altura de las circunstancias. Por otro lado, es evidente que la recesión mundial nos ha impactado de lleno, y además en el mundo de la música estamos con el tema de la piratería, de las descargas ilegales. Evidentemente, todo eso va a hacer que las cosas, en muy poco tiempo, se vean de otra manera. Estamos en una etapa de fin de siglo, que abarca los últimos años del siglo pasado y los primeros de este. Es una etapa de posicionamiento, de confusión, de nuevas formas de mirar a la música y la cultura en general. Es un momento interesante para vivir, sin duda, a pesar de todos los problemas.

La canción «Buscando el paraíso», de su anterior disco Balmoral, sirve de sintonía a la serie “Crematorio”, que trata sobre la corrupción en la costa de Levante. Vista desde fuera, y dada su prolongada relación con nuestra ciudad, ¿Qué perspectiva tiene acerca de la situación que se vive actualmente en Valencia?
Estaría fatal que un barcelonés hablase mal de Valencia (risas). Yo lo que me quedo es que Valencia es una de las ciudades más importantes de España, que siempre nos ha tratado con mucho cariño, ya que hay muchos seguidores de Loquillo en la comunidad. A mí la Comunidad Valenciana me ha dado mucho, así que yo no puedo decir nada en contra. Son los valencianos los que tienen que decidir quienes les gobiernan, esto es así como en todos los lugares. La situación que hay en la Comunidad Valenciana también la hay en gran parte en Cataluña, así que en ese sentido todos esos problemas tanto políticos como económicos no se circunscriben a una sola comunidad, sino que son extensivos a todo el país. No nos queda otra que arrimar todos el hombro, y eso sí que hace que un país funcione.

LOQUILLO presenta “A Solas”
13 de Febrero
21:00 horas
TEATRO OLYMPIA c/ San Vicente n˚44
Entradas ya a la Venta en: Taquillas del Teatro Olympia o
www.entradas.com

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