Klaus & Kinski: El directo, su particular talón de Aquiles

Cada nuevo disco de los murcianos es un motivo de celebración. Hace poco más de un mes que salió a la luz su tercer disco de larga duración, Herreros y fatigas (Jabalina),y a día de hoy siguen cosechando éxitos de prensa y público. Es meritorio el trabajo que han hecho para lograr colocarse por primera vez entre la lista de los discos más vendidos a nivel nacional, alcanzando el puesto 54 durante su primera semana.

La banda inicialmente formada por Marina GómezAlejandro Martínez ha sabido, a pesar de la disparidad de sonidos que transitan por sus discos, crear un estilo propio e inconfundible. Sobre una ecléctica amalgama de influencias musicales -y otras que no lo son tanto- plasman en cada una de sus canciones un imaginario único, extraordinario, contradictorio, en consonacia con algunos de los pasajes de la cultura pop española de las últimas décadas (como ya especulaba la gente de Muchachada Nui en uno de sus desternillantes sketches, no sería de extrañar que Almodóvar incluyese alguno de sus temas en sus futuras películas). Hacen de la música popular un elemento clave donde ahondar para encontrar las pistas sobre las que construir emocionantes melodías pop. Y junto a la base instrumental, la segunda pieza inconfundible del estilo de los murcianos: el estilo vocal de Marina, que sigue recordando enormemente al de la francesa Lætitia Sadier, cantante de Stereolab.

Ni el reducido precio de la entrada (tan sólo 8 euros anticipada) ni tampoco la reciente publicación de su tercer trabajo de estudio llegaron a ser motivos suficientes como para llenar ni tan siquiera poco más de la mitad del aforo de la céntrica sala El Loco. También hay que decir que, junto a éste, dos de los encuentros más deseados de la primera división del pop independiente nacional tuvieron lugar la pasada noche del viernes; hablo de Fernando Alfaro en formato acústico y la presentación sobre el escenario de un teatro del fantástico primer LP de LitoralIncidents melòdics del món irracional (Limbo Starr).

Sobre las 11 de la noche aparecían sobre el escenario la banda al completo, el quinteto que ha venido actuando de forma habitual desde la edición de su anterior álbum, Tierra, trágalos, es decir: la voz de Marina GómezAlejandro Martínez en las guitarras, Paco Martínez al bajo, un polifacético Antonio de Vicente-Yagüe, capaz de abarcar los teclados, la guitarra acústica o el ukelele en un par de temas, y la última incorporación de la plantilla, Pilar Crespo, el más sabio de los cambios efectuados por el grupo en sus conciertos. Es ésta la que aporta con su violín mayor intensidad al directo, hegemonía y cohesión entre las distintas partes.

Con “Crucifixión, la solución”, tema de su primer álbum, comenzó el despliegue de sonidos noventeros, pop casero de sintetizadores y letras plagadas de ironía. Centrados enHerreros y fatigas, intercalando de vez en cuando canciones de sus dos anteriores discos, fueron solventando con mayor o menor acierto la dificultad que entraña trasladar al directo un disco que esconde tras de sí tanto trabajo de producción. El eje central de su puesta en escena sigue siendo, sin lugar a dudas, su faceta más electrónica (y casi diría que convencional).

A través de temas como “Contrato”, “Ojo por diente”, single del que recientemente han presentado su contrapunto visual, “Soneto” o su particular homenaje a una de las bandas de las que reconocen mayor influencia, My Bloody Valentine, en “Cumbres profundas”, supieron satisfacer a un público fiel aunque no demasiado entregado con cada una de las descargas sonoras.

Siguen aparentando estar más dispuestos a verla venir que a disfrutar sobre el escenario de unos temas que, al menos a mí, han sabido seducirme desde los primeros acordes. Uno de los puntos más negativos de su directo continúa siendo la caja de ritmos electrónica, que no deja de ser un recurso cutre para salir al paso, incongruente con la esencia de sus canciones, más próximo al electroclash discotequero. En cuanto a la guitarra, parece mentira que tantos pedales de efectos consigan generar tan poca atmósfera. Tristemente, el sonido de su directo poco o nada tuvo que ver con el de sus discos. He de decir que llegaron a recordarme -aún en riesgo de que más de uno se me eche encima por decirlo- a Camela, sin desprestigiar el trabajo de uno de los grupos españoles más coherentes con un estilo y forma de entender la música

Hacia la mitad del concierto, Marina trató de amenizar la velada intercambiando algunas palabras con los asistentes. «El público de cada ciudad sois de una forma. En Valencia sois más habladores pero hacéis más palmas”, comentaba la de Murcia.

El segundo de los conciertos de la gira de presentación de Herreros y fatigas volvió a demostrar la larga distancia que les queda por recorrer para acomodar sus discos al directo. No han sabido encontrar entre el sudor del directo su piedra filosofal. Sus ambiciosas y emocionantes canciones resultan algo estériles e inertes. Además, eché muy en falta algunos de los temas más aplaudidos por su originalidad y riesgo, aquellos boleros de verbena de pueblo a los que pocos músicos del pop patrio se han atrevido a arrimar. Dos conclusiones; una positiva y otra que no lo es tanto: cuánto tienen que ofrecer y, sin embargo, que poco partido se sacan sobre el escenario.

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