Gramolafest, mitad de sal y mitad de agua

La Gramola de Keith, conocido y popular portal de contenidos sobre música independiente, celebraba su Gramolafest, festival que contaría con dos caras para cada uno de los días en los que se celebraría: la primera, el jueves, en un formato eléctrico, en la sala Wah WahGatomidi, recientemente galardonados como ganadores del concurso organizado por Vinilo Valencia, que estarían tocando junto a Rubick; el viernes, en elDeluxe Pop Club, tendría las actuaciones de Joe AlvinnCosidos, y Rain Over Kiruna.

Podríamos decir que la noche empezó al revés. Gatomidi (foto principal), por su parte, ofrecieron un directo sin fisuras, cargados de electricidad y con una actitud correcta y una fuerza arrolladora, motivos que ratifican una vez más que hayan sido una de las bandas más prometedoras que ha dado la escena local en los últimos tiempos. El trío tuvo algún problema de sonido sobre el escenario, problema que resolvieron viniéndose todavía más arriba y dándolo todo, repasando uno a uno todos los temas de su disco, editado en 2010, Facing Destiny. “I believe”, “Run Away” o “Alone”, además del corte que da título a su disco, dejaron una excelente sensación de boca. La banda, así, se va ganando poco a poco una cosa que muchos grupos bien la querrían para sí: el respeto de la crítica y del público.

Los siguientes eran Rubick. Lo primero que llamó la atención fue el poco riesgo en su “noche de versiones”, con la selección de canciones de Kings of Leon, Kasabian, Stereophonics, Jet y más clásicos de bandas de marcado carácter británico, que interpretaron para abrir el concierto, temas alguno de ellos totalmente de actualidad y que garantizaban el éxito ante el público. “Lonely boy” de The Black Keys quizá fue la peor escogida, la peor versioneada, y la más criticable por ser la original un rompepistas claramente y de tal modo, insuperable. Después vendría el tiempo para algunas canciones propias, que resolvieron con gran solvencia dejando claro que el lado técnico, de ejecución y de control de los instrumentos lo tenían perfectamente dominado. Otra cosa es la actitud sobre el escenario y el indumentaria de los numerosos componentes de la banda, pues tan malo es pasarse como no llegar, y una excesiva sobreactuación (con la actitud sobre las tablas como ídolos de masas adolescentes) así como un atuendo excesivamente forzado, esos dos factores deslucieron la que podría haber sido una recomendable actuación, pero que dejaba lo musical, en ocasiones, en un discreto segundo plano.

Las sensaciones que generaron ambas bandas da que pensar si el orden de actuación no debería haber sido a la inversa. No obstante, un cartel excelente para una fiesta que esperamos que se repita por muchos años.

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