Fuzzville!!! #2 mucho más que un banquete punk

Viernes 9 de septiembre, por Raúl Hernández Guerra.

Por desgracia no llegamos a Benidorm hasta el viernes y por lo tanto no pudimos asistir a los conciertos del anochecer del jueves en la sala Rockstar de las bandas: Slick!, Apache y Big Tits.

Nos presentamos en la discoteca KM relativamente pronto para poder disfrutar de los diferentes conciertos de ese día y marujear los distintos puestos de venta que los famosos sellos independientes habían dispuesto (como Goner o Burger Records)

Fue aterrizar y nos encontramos en el primer recinto, el Rufusville, a Las Señoritas Estrechas encima del escenario, desfasando y recordando en múltiples ocasiones al famoso grupo neoyorquino, Los Ramones, con su punk en canciones como “Oh oh por eso te amo” o “El humo ciega tus ojos”.

Al finalizar el grupo madrileño, se abría el escenario principal y la banda encargada en estrenarlo sería La Luz. La neo-psicodelia y las múltiples influencias del productor de su último disco, el multiinstrumentista Ty Segall, coparon el ambiente. Un concierto más que aceptable, si no fuera por la actitud mostrada por las de Seattle, de absoluta desgana, tocando casi por obligación.

Tras esto volvimos al stage secundario, o a la zona punk, para ver a Aliment. Los gerundenses nos ofrecieron su último trabajo “Silverback”.

El final de Aliment nos apenó a todos, ya no solo porque fue un gran bolo, sino porque volvíamos al horno, tildado así por gran parte del público, el escenario Fuzzville. Aquí llegaría Spray Paint con música rítmica y rápida, con una perfecta armonía tanto entre ambas voces como sus guitarras, a su vez se podían ver reminiscencias de Sonic Youth y su noise rock. Consiguieron algo complicado: que el calor fuera episódico.

Estábamos de celebración. El escenario “pequeño” había puesto el aire acondicionado y, claro, todos fuimos a ver a Las Venas, grupo de garage punk. Este estilo no está solo marcado por la música, también lo está por la actitud encima del escenario, de lo que por desgracia carecía el grupo. Hacer punk en 2016 es difícil a no ser que seas un genio de esos que salen cada veinte años como Frank Black.

Acto seguido llegaría la contraparte de La Luz, Giuda hizo un concierto de principio a fin con muchísima actitud y una mezcla de rock&roll y glam rock de calidad, donde era casi inconcebible ver al cantante de los romanos sin bailotear. Difícil se me hacía al verlos no pensar en Pelle Almqvist y compañía (The Hives).

Volviendo a la sala, se produjo el retorno de Los Claveles, con punk ochentero, nada diferente de lo propuesto con anterioridad. No son los Gabinete Caligari de la movida madrileña y años posteriores, Los Punsetes. Les falta por desgracia el genio de Jaime Urrutia o Antonna para adquirir un sonido propio.

Mujeres, grupo catalán de garage pop-rock que revolucionó la sauna. Sin duda concierto del día, pese a no ser los cabezas de cartel ni mucho menos, consiguieron conmocionar al público como nadie lo hizo en toda la noche. Estuvieron constantemente interaccionando con el gentío e incluso escuchando peticiones de estos, como solos de bajo y demás.

Ansiando sobrevivir volvimos al recinto anterior para escuchar a los excéntricos Ángel y Cristo, enfundados en trajes plateados como si fueran astronautas, quienes dieron un concierto absolutamente esperpéntico, pero pese a ello consiguieron divertir al público.

El cabeza de cartel asomaba esas orejitas de conejo, Nobunny y compañía saltaron al escenario con sus clásicos atuendos. Tocaron garage rock de gran calidad, se comprendieron las influencias que el propio Justin Champlin comenta: Ramones (¿Quién no tiene algo de los Ramones?) o The Cramps. No fue el concierto de la noche como ya sabéis, probablemente debido a que tras Mujeres el nivel exigido era muy alto, y que los constantes problemas del amplificador del bajista mermaron la actuación.

Las Membranas asaltaron el escenario que homenajeaba a uno de los integrantes de sus filas, Paco Rufus (fallecido en diciembre). Como nunca se sabe si va a ser la última vez, decidieron darlo todo, un garaje punk bestial que hizo que el último concierto de la noche, el que atañía a los madrileños Hollywood Sinners, no tuviera el reclamo que su punk, casi de velocista, merecía.

Y acabando estos dimos por finalizada la primera jornada.

Sábado 10 de septiembre, Carlos Ortigosa Arnau.

El sábado, el cansancio y otras consecuencias del insomnio nocturno nos alejaron de la sala Rockstar, donde Los Bengala y Sen Senra abrían la segunda y última jornada de festival al mediodía. En contrapartida, acudimos puntuales a la sesión vespertina. No fue así el caso de la gran mayoría de asistentes, y Holy Paul se vieron obligados a ejecutar en el escenario Rufusville un íntimo concierto, aunque más que notable. Los valencianos dispararon a guitarrazos su rock n’ roll con tintes soul, y eso sí, satisficieron a los asistentes.

Los encargados de abrir el escenario Fuzzville serían los norteamericanos Bad Sports, que con su garage pop rock resultaron excesivamente neutros y no consiguieron conectar con el público de la forma que sí lo harían las bandas sucesoras. Y efectivamente, una de esas bandas es el trío valenciano Retraseres. Con su garage punk de ritmo frenético, su —pese a todo— pulcra ejecución y sus letras, que según a quiénes producían o bien una sonora y rabiosa carcajada o bien una mirada de compromiso al acompañante, lograron reunir a todos los presentes en el escenario Rufusville para gozar de continuos pildorazos irreverentes.

Continuando con la conexión entre músicos y público, en la siguiente actuación esta fue más bien forzosa. Ian Svenonius se propuso despertar a la concurrencia haciendo del concierto de sus Chain & The Gang un auténtico show. El líder de la banda norteamericana pasó más tiempo abajo del escenario, mezclado entre el gentío, que arriba de él. Por ello, pese a la interesante propuesta musical, la actuación estuvo más marcada por su continuo ir y venir —o subir y bajar— que por el contenido sonoro en sí. Pero, al César lo que es del César, porque este fue sin duda uno de los momentos destacados del festival.

Entrados en esas horas previas a los cabezas de cartel en las que hay que planificar la cena, el mérito fue de los canarios Texxcoco, que con sus melodías surferas y su sonido garagero nos obligaron a posponer nuestra necesaria nutrición. Por ese motivo llegamos con retraso a presenciar el concierto de los grandes veteranos del cartel, The Boys. El setentero grupo británico —uno de los referentes del punk del pasado siglo— puso en marcha su viejuna pero aún efectiva maquinaria y tocó algún que otro himno del agrado de los asistentes más experimentados.

Después llegó La Moto de Fernan y el escenario Rufusville se convirtió en un verdadero campo de batalla. El dúo reventó con sus temas los tímpanos de unos cuantos, e instó a otros a reventar huesos en salvajes pogos. Era el perfecto aperitivo anfetamínico antes de la llegada de los grandes cabezas de cartel del festival, Thee Oh Sees.

Ya antes de comenzar, el escenario Fuzzville lucía una entrada notable para ver la prueba de sonido de John Dwyer y los suyos. Los californianos se presentaban con su recientemente estrenada nueva formación: Dwyer, un bajista y dos baterías. Su concierto fue perfecto: desplegaron las habituales “The Dream”, “Toe Cutter/Thumb Buster” o “Contraption/Soul Desert”, y algunos temas de recientes álbumes y del último, “A Weird Exits”. La excepcionalidad de la actuación radicó en la impoluta sincronización de ambos bateristas, la habitual actitud extática —que no estática— de Dwyer y, por supuesto, la locura del público.

Muy complicado lo tendrían las siguientes bandas para igualar lo ofrecido por los Oh Sees, y de hecho nos perdimos a Hakan para recuperarnos de aquella sobredosis de adrenalina. Radioactivity, otro de los reclamos del festival, no concordó con lo esperado y decepcionó a los presentes —muchos aprovecharon para adquirir material en el Fuzz Market o para apurar los últimos tickets—.

Los gallegos Terbutalina se encargarían, garage punk de por medio, de devolver la sonrisa a los que la habían perdido y de convertir de nuevo el pegajoso suelo del Rufusville en Vietnam. A Los Chicos se les encomendó la responsabilidad de cerrar el escenario principal, y lo cierto es que su concierto fue una fiesta, con su punk del medio oeste adaptado a la versión española.

Después de aquello nos tuvimos que marchar, porque sí, hay buses de madrugada; y porque no, el alojamiento en Benidorm no es barato.

Crónica: Raúl Hernández y Carlos Ortigosa Arnáu
Fotos: Organización (Blue Indigo Studio)

También te podría gustar...