FIB 2011: Noche heterogénea para empezar

Un año más llegó el primer jueves del FIB. Todo sigue igual salvo contadas diferencias. La colonización británica sigue siendo marcada. Aún más si cabe. Oleadas de guiris acuden en masa para disfrutar del buen tiempo, la playa y de una programación de conciertos que -aunque sepamos también disfrutar- parece más hecha a su medida.

La organización no ha dudado en adaptarse a las estrategias comerciales de los festivales anglosajones y dejó la publicación oficial y abierta de los horarios para última hora, obligando a los lastimados asistentes a tener que comprarse la preciada programación que se puso a la venta unos días antes. Sin embargo, entre tanto desconsuelo guiri, el festival no olvida sus raíces y ha optado por dar el nombre al escenario principal (antes portador del logo de la marca de cerveza verde) de la emblemática sala madrileña encabezada por los hermanos Morán, fundadores del festival. Todo un acierto.

La jornada del jueves se adelantaba como la más ecléctica de las cuatro. Varias horas seguidas de concierto entre las que tendría cabida el rap, el drum and bass o incluso sonidos africanos; sin olvidar claro la esencia indie que caracteriza al festival levantino.

La primera descarga de adrenalina la pusieron Layabouts en el escenario Maravillas. Rock clásico con actitud demoledora y sin ninguna pretensión a través de una burrada de decibelios que sirvieron para dar sentido a la imagen rebelde y transgresora de la que hacen gala. Como el mismo cantante dijo a mitad de su actuación, vinieron para poner el punto de rock & roll del festival. Las canciones de los madrileños se movieron entre el pop británico más acelerado y un rock a la antigua usanza sin destilar, al margen de modernismos estéticos (muy habituales en estos festivales).

Tras éste nos fuimos directos a ver a Anna Calvi, la cual traía un tesoro escondido entre las manos: su flamante disco homónimo. Sin duda uno de los trabajos más elegantes de lo que llevamos de año. A pesar de las expectativas, la heredera del sonido de PJ Harvey sonó un tanto descafeinada, tímida y desplazada en un escenario que dio la impresión de quedársele grande. Faltó presencia y sonido para crear la oscura atmósfera que aparece en su disco.

Otra de las voces femeninas de la noche, habitual por estos lares, era la de Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red. Acompañada por sus músicos habituales trajeados para la ocasión y sobre un escenario adornado con el nombre de la artista iluminado con una tipografía roja muy de Barbie. Lourdes volvió a demostrar que cuenta con una preciosa voz frágil, una creatividad capaz de gestar grandes discos (muy a pesar de sus infinitos detractores) pero que resulta totalmente inofensiva en un entorno festivo como aquel. Un concierto para ver relajadamente desde el suelo.

La presencia más desconcertante de la jornada la puso Julieta Venegas. El revuelo ya saltó en internet cuando la organización confirmó su actuación. Ahora llegaba el momento de subir al escenario. El “buenrollismo” de la mexicana hizo miga entre un público que llegó a vitorear su nombre. Los asistentes supieron recibir con agrado, entre bailes y en medio de un notorio ambiente festivo, un concierto muy alejado de lo habitual. Sin embargo, sin ir más lejos del jolgorio popular, la artificie de “Limón y sal” no terminó de quitarse la etiqueta de cantante de temas de radiofórmula facilonas que en directo que no va más allá de ello.

Seguidoras desbocadas corriendo hacia el escenario Maravillas fue la primera imagen del concierto de Paolo Nutini. Su actuación evolucionó a través de contrastados momentos. Las primeras canciones del escocés sonaban más a alt-folk comercial que a lo que estaría por venir. El Nutini más cercano a Jason Mraz dio paso a un Dylan rejuvenecido sin excesiva inspiración. Cuando todo el pescado parecía vendido, lo mejor estaba aún por llegar. Paolo Nutini despertó y echó a volar. Los instrumentos de viento que le acompañaban cobraron fuerza y animaron al cantante a mostrar su registro más soul. La gratificante desmesura de Paolo Nutini llegó a recordarme a aquel Joe Cocker de “A little help from my friends”. Muerte al Nutini sensiblero. Viva el que juega con gran acierto a ser Van Morrison.

Acabado éste, cenar era vital, y de aquí a disfrutar del trecho final de la noche (al menos en cuanto a conciertos). El recital de la inmensa banda que dió forma al directo deCongotronics vs Rockers fue un lujo que pocos supieron apreciar. Así es como a lo largo de la más de una hora que duró su actuación el extenso público que había en un principio se fue dispersando. El escenario Fiberfib se convirtió en un laboratorio de experimentación sonora donde el folclore africano de profundas raíces se mezcló con diversos elementos de la música occidental, ahora globalizada. Entre cánticos congoleños, una guitarra saturada de distorsión cobra vida, los sintetizadores se entremezclan con la percusión africana, dirigiéndose la actuación a un ritmo frenético en busca de un “climax” que parece no llegar. Hacen eso que ambiguamente se llama world music, pero que a la hora de definir resulta mucho más imposible que reducirlo a dos escuetas palabras.

Decir que Crystal Fighters tienen una de las puestas en escena más gamberra y divertida de la actual escena independiente es algo que todos sabemos. Sus directos acaban convirtiéndose en una desfasante orgía de masas en las que uno, chorreando litros de sudor, llega a sufrir por su supervivencia. Con temazos directos a la yugular como “I love London” o “Solar System” los vasco-británicos (al menos de corazón) supieron hacerse con un público descontrolado sediento de fiesta. Incluso alguno de sangre.

The Streets rompió con los clichés del rap, desacreditando a todo aquel que pensase que el Hip-Hop en la actualidad sólo habla de cadenas de oro, coches caros, chicas despampanantes y otros lujos. Mike Skinner, ha mostrado a través de sus diez años de trayectoria una visión sensible y sincera de los suburbios ingleses, apartada de todo estereotipo. La inmensa cantidad de seguidores de la banda acomodados a la espera de la actuación demostraba que estábamos ante lo que era el cabeza de cartel de la jornada. El rapero británico dio un repaso de toda su trayectoria al frente de The Streets, con aclamados temas como “Dry your eyes” o “Fit but you know it” que el público no dudó en tararear. Quien piense que el rap sólo se gesta en los Estados Unidos está equivocado.

Y para terminar la noche del jueves y no querer desgastar en exceso la figura, ya desde la distancia (física y mental) escuchamos la actuación de Pendulum, comentando la que había sido una noche heterogénea, desconcertante en ocasiones, pero repleta de brillantes momentos que muchos tardaremos en olvidar.

 

Por David Aguilera

 

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