Festival de Les Arts: No cambies nunca

Viernes noche, me acerco al recinto de Les Arts y escucho que Love Of Lesbian (LOL) ya está tocando “Club de Fans de John Boy”. Joder… qué nervios. Desde lejos veo el escenario, luces que van de arriba abajo, música potente y público agitado. Acelero el paso, luego echo a correr. Quiero llegar ya redios.

Al entrar pongo el freno. ¡¿Pero cuánta gente hay aquí?! ¡¿Cuánto cuesta el mini de cerveza?!. De repente Santi Balmes grita eso de “Qué suerte que ahora hay gente que lo hace fácil” y yo me pongo muy contenta. Bailar, bailar, bailar. Ya no hay cordura entre los presentes.

A medida que sus temas se suceden melancolía y felicidad se libran batalla. Desde luego LOL funciona bien en vivo y en lata, saben lanzar mensajes de inviernos y amor con más habilidad que un político malversando. Cierran homenajeando a Bowie y a Prince y a mi me duelen las manos de tanto aplaudir.

Turno para The Fratellis. Sigue habiendo muchísima gente pero aún tenemos espacio para botar. Los que estamos aquí venimos pidiendo guerra y rock juguetón. Cuando tocan “Chelsea Dagger” empujo y me empujan pero todo con amistad. Fue divertido mientras duró aunque me han dejado un poco fría. No veía una conexión evidente y la setlist ha sido demasiado homogénea.

Cambio de escenario rumbo a ver a We Are Scientists. No sé cómo lo he hecho pero estoy en primera fila. Son las dos de la mañana y veo que a estas horas el post punk de estos neoyorkinos nos está entrando fenomenal. El problema, si es que lo hay, es que muchos están más pendientes de canjear tokens que de escuchar lo que está pasando. Sea como fuere ha sido un cierre rotundo para esta primera jornada. Mañana más y mejor.

Sábado. Son horas tempranas de la tarde y el sol escuece. Desde el escenario Cool Way veo que Arizona Baby se prepara para actuar. Desde aquí resulta llamativo el calibre de vello que tienen estos tíos en cabeza y cara. Salen seguros y tocan como si lo hicieran desde que pisaron por primera vez la Tierra. El ambiente se anima pronto porque hacen que nos sintamos bien sin saber por qué. Entre canción y canción Javier Vielba, voz y guitarra, comenta cosas a los que estamos allí. En un momento dado nos dice que el edificio Ágora es feísimo. Automáticamente pienso que no es de buen vecino que, cuando trates con los residentes de una cuidad, te metas con lo que ésta tiene. Con todo, muy correctos y cercanos.

Tras los Arizonas nos escapamos corriendo a ver qué pasa al lado de Ágora y nos encontramos con Holy Paul, los recientes ganadores del Vinilo Valencia y un montón más de cosas, repartiendo rock grasiento de otra era, como si fueran de un pueblecito de Minneapolis, pero son de aquí y el respetable los goza chapoteando en la piscina-fuente calatravesca.

Con el reloj pasando las siete me muevo hacia el escenario Negrita que Miss Cafeína va a salir a escena. Parece que el público se ha duplicado porque difícil tengo el llegar a las primeras filas. Comienzan y muchos corean sus canciones, de hecho suena “Mi Capitán” y creo que no veo a nadie con la boca cerrada, me doy cuenta de que estoy entre un público devoto y ante una banda más reconocida de lo que imaginaba.

Mientras espero a que salga Izal, giro la cabeza y veo que la multitud es infinita y es que al día siguiente me enteré de que fuimos 40.000 personas. Total, que aquí estamos, todavía con sol y bajo un panel de luces que reza Copacabana sobre el escenario. Arrancan con la canción que tiene este mismo título y casi no rozo el suelo. Cuánto movimiento en tan poco tiempo. Y así es prácticamente todo el directo. Energía y frescura. No me sé todas las canciones pero como si las conociese de siempre. El ambiente y la actitud de la banda están en consonancia. Cierran con “El Baile” y un castillo de fuegos corona el que creo que ha sido de los mejores directos del festival. Después de este concierto, hay un antes y un después de la concepción que tengo de Izal. ¡Qué bien!

Para Second si me he cuidado en guardarme un sitio en primera línea de playa. Ha sido una espera amena, una de las que curra en los puestos de merchandising nos ha estado tirando pulseras que llevan luces de colores y se ha librado una batalla campal del copón porque todos querían coger esas pulseras feas.

Ya salen, ya salen. Humo y luces son el atrezzo de su nuevo “Viaje Iniciático”. Presentan temas presentes y pasados y un público masificado responde complaciente. Letras que hablan de problemas de autoestima y experiencias extremas nos van empapando. No sé si algo tendrá que ver la independencia discográfica que ahora tienen pero aquí hay mucha soltura.

Aunque no soy muy creyente en la electrónica cuando Slow Magic empieza a tocar me sorprendo a mí misma teniendo espasmos musculares. La gente baila como si le importase todo una mierda. Este Dj, oculto tras una máscara luminosa, va seleccionando temas desde su portátil mientras apalea a unos tambores. La escena es peculiar y no despierta en mí fuertes sentimientos pero es que no quiero que el festival termine. Pero lo hace. De repente los festivaleros se convierten en gente y las caras de alegría pasan a ser de cansancio.

En resumidas cuentas este festival lo vale. Esperaba encontrar algo de desorden, por ser todavía su segunda edición, pero fue grata la sorpresa al comprobar ciertos detalles: hay baños de sobra, el recinto es lo suficientemente amplio como para disfrutar de los conciertos sin miedo a asfixiarte, cae en fechas en las que ya huele a verano y el ambiente es muy  sano, porque la música genera buen rollo y viceversa ¡Por muchos años más Les Arts!

Fotos: Sergio F. Fernández

Crónica: Carmen Sánchez Adán

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