Deleste, el nuevo cine de autor

“El cine de autor es el cine en el cual el director tiene un papel crucial al basarse en un guión propio; realiza su obra al margen de las presiones y limitaciones de los de los grandes estudios comerciales, lo cual permite una mayor libertad a la hora de plasmar sus sentimientos e inquietudes”.

Ahora, esta teoría de autor, aplícala a la música. Y más en concreto a un festival que pretende ir de eso, de música.

¿Ya lo tenéis? Efectivamente, Deleste Festival.

Un año más, el Deleste sigue su propio camino. Sin desvíos ni atajos. Arriesgando más que nunca en la elección del cartel. Generando como denominador común en los grupos que lo conformaban un requisito: salir de la lógica, experimentar y tener una propuesta, al menos, atractiva. Y a priori, sobre papel,  lo único que estaba claro es que el guión que ofrecía cada grupo pertenecía a géneros totalmente opuestos.

Este era el planteamiento que se proponía, y Valencia respondió: sold out.

Primer acto. El festival arrancó intenso: We Used To Pray, el auditorio y un largo plano secuencia que nos llevó a lo más oscuro para que sintiéramos ese frío, capaz de emocionarnos y erizarnos la piel. Contenido y continente, cuidado con suma delicadeza.

Con esa misma delicadeza llegaron las canciones de Tulsa al escenario Jägermeister. Crearon un ambiente sombrío que ellos mismos echaron a tierra en la última canción, donde batería y voz se quedaron a solas para acabar el bolo con un tema más folk.

Llegó así el “cliffhanger” de la jornada, las sillas estaban listas en el auditorio para Pep Gimeno “Botifarra”, y la intriga de lo que iba a ocurrir en ese momento era total. Finalmente, el auditorio se llenó hasta arriba y los prejuicios duraron en esa sala lo que el de Xàtiva y su banda tardaron en tocar la primera nota. La dulzura y la poesía que desprendían Pep y sus tres MÚSICOS (sí, en mayúsculas) desde el escenario nadie más fue capaz de conseguirla. El folclore en el contexto del Deleste disgustó a algunos y gustó a muchos, la mayor prueba de esto fue la ovación que se llevaron. Como agradecimiento hicieron un bis “real”, de los que no están preparados previamente en el setlist, regalándonos otra canción más.

De las raíces valencianas al más puro “grunge” de los jóvenes Mourn, que se comieron el escenario bajo la atenta mirada del padre de dos de ellas, Ramón Rodríguez (The New Raemon) que esta vez no acudió al festival como artista como hizo el año pasado con Madee.

El Deleste continuaba deleitándonos con los cambios de registro, y era el turno de La Habitación Roja. Están de aniversario, 20 para ser exactos, y menuda fiesta de cumpleaños tenían preparada. El auditorio se vino abajo; o mejor dicho, se vino arriba…muy arriba. Hicieron un recorrido cronológico de los mejores temas de su carrera, y así se convirtieron en los patrocinadores de muchas de las resacas del día siguiente. Tanto brindis por la eterna juventud tiene sus consecuencias.

Esta euforia (in)contenida bajó de piso e hizo que los tres conciertos que cerraban la noche fueran totalmente alocados. Mike Krol, venidos de Wisconsin, por primera vez pisando suelo europeo. Nos trajeron sus extravagancias disfrazados de policías americanos. El “Regreso al pasado” de El Último Vecino, con ritmos pegadizos y movimiento de caderas inconcebibles que nos llevaron a los años 80 y a la elegancia de la movida madrileña (si es que la hubo). Y por último, Perro, los murcianos salieron a reventar como es habitual y lo consiguieron.

Segundo acto. Sábado por la mañana. Deleste Kids y lleno absoluto. El turno de que los enanos de las casas movieran las caderas. De esto se encargaron Ramírez y La Habitación Roja, los segundos pretendían ser una sorpresa pero Jorge Martí (cantante de LHR) no pudo contenerse en el  fulgor de la noche anterior y soltó sutilmente el spoilerazo. Tras versiones, cerveza y paella, llegó la hora de la siesta.

Y por fin el tercer acto. Este momento tan crucial se encargó de romperlo Mist, abriendo la jornada del sábado, con una formación de lujo y una oda al pop intercontinental del de siempre.

Con la luna en la pantalla de fondo, creando una perfecta ambientación, salió al escenario La Familia del Árbol para presentar “Odisea” y crear un bonito eclipse.

Ocellot nos trajo un buen rato de electrónica, ritmos africanos y unos niveles de psicodelia a los que no estamos acostumbrados.

Y tocaba la sesión de intensidad del día: para ello el maestro, McEnroe. El concierto en si fue bastante plano, pero… ¡Qué voz!, ¡qué letras!…Metió el dedo en la herida y lo peor de todo…nos gustó.

Si el giro de guión el viernes lo dio Pep “Botifarra”, los encargados de darlo el sábado fueron El Páramo. Cuatro melenudos sin un solo pie de micro en el escenario. Rozando la línea entre el post-rock y el metal, cerraron el colofón final del último tema de una forma magistral, fueron abandonando el escenario uno a uno hasta que se quedó el batería solo ante el peligro, digno de la última escena de Whiplash.

El pequeño descubrimiento del festival fue Exsonvaldes, con aires a Phoenix, los franceses nos cautivaron con sus temas pegadizos y su simpatía.

Llegó el momento más esperado de esta película, el gran reclamo del tráiler: Low. Fueron los causantes del cambio horario, durante 60 minutos no pasó el tiempo y no existía nada más allá que estuviera fuera de las cuatro paredes del auditorio de La Rambleta. Nos tenían preparada una “road movie” cargada de nostalgia. Así que, sin dudarlo, nos montamos en su coche y empezó el viaje. Fue bonito, hipnótico y mágico.

Estaba demostrado ya que los géneros dentro del festival eran heterogéneos, pero no nos dejaron disfrutar ni un minuto de la paz que nos dieron los de Minnesota porque en el escenario Jäger nos esperaban Los Tiki Phantoms, los cuales empezaron su concierto diciendo: “No somos los putos aburridos de Low, así que bailar cabrones”. Después de esto lanzaron caretas de calavera, una mujer voló por el público con una colchoneta, etc. Una serie de tragicomedias que convirtieron el final del Deleste en una bacanal.

Los DJs de la noche, El Chico Biónico y Los átomos Djs se vieron obligados a bajar el ritmo para que el agua volviera a su cauce.

Hay corrientes que opinan que ha habido ediciones del Deleste más potentes que esta, por lo que es difícil afirmar que el festival haya sido un éxito, pero es indiscutible que si que han acertado en varios ingredientes que dan con la fórmula mágica del guión perfecto: divertido, arriesgado y profundo. La clave perfecta para emocionar y dejar huella en cada uno de los que acudió este fin de semana a La Rambleta.

No es perfecto ni redondo, pero tiene lo que una buena peli de autor: un sello muy personal que lo convierte en algo más que en un festival de música al uso.

Fotos: Fran Calabuig.
Crónica: Estefanía Mora.

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