D Generation y Gigolo Aunts reinan en el Turborock

Vayan por delante los agradecimientos a los pergeñadores del Turborock 2011. Actuaciones como las de D Generation (foto principal) el viernes o The Sadies y Gigolo Aunts el sábado -por citar las más destacadas- son ya medallas en el recuerdo de los que apostamos por desplazarnos a Benidorm (otros optaron por Santander) este primer fin de semana de septiembre. Inmejorable chape del festivaleo veraniego con una producción que nos hizo felices cuidando algo que, por desgracia, se descuida cada vez más: el sonido. Deleitable calidad sonora que estuvo a la altura del excelente cartel.

El tema de asistencia (nos ceñimos a la cita benidormeña) fue otro cantar. Alrededor de un millar de personas por día. Poca recompensa para una selección de grupos tan acertada. Si bien la amenaza de lluvia (pronósticos que, por cierto, se cumplieron) obligó al cambio de recinto a 48 horas del comienzo, el contratiempo terminó siendo una bendición para la organización que pudo arrejuntar mejor los cuerpos de los que nos acercamos a la Discoteca KM. Y lo cierto es que, pese a las dudas previas, estuvimos cómodos en un lugar que se manifestó adecuado para el arte de las guitarras.

 

+ VIERNES 2 de SEPTIEMBRE

La del viernes fue la jornada del rock. El volumen y la agresividad fueron los protagonistas de una tarde/noche en la que D Generation salieron a hombros. Pero hubo otros bolos reseñables y uno de esos fue el de los Buzzcocks. A pesar de unos primeros compases donde el sonido fue enmarañado Pete Shelley y Steve Diggle (a los que acompañaban batería y bajo) estuvieron notables. Los británicos acusan los inexorables achaques de edad pero no por ello dejan de entregarse cual veinteañeros. Ver a Diggle saltar, escupir, levantar las manos y disfrutar como un niño con guitarra nueva fue totalmente contagioso. Brutal cierre con “Ever fallen in love” y “Orgasm addict” del tirón y las primeras filas por el aire. Nuestro retraso fue más abrupto que el que arrastraban las actuaciones y nos habíamos perdido las actuaciones de Layabouts, Jesse Malin y The Del Lords (de las que se habla muy bien), pero hay que reconocer que la forma de estrenarse fue gozosa.

Urge Overkill estuviero correctos. Tienen canciones redondas y de ellas hicieron uso. “Los Manolos norteamericanos” transmitieron el mismo buen rollo que luego se encargó de reflejar Eddie King Roeser con los fans que se le acercaban tras el concierto. Decidimos ir a cenar, coger fuerzas para no quitar ojo de encima a la tripleta que se nos venía encima: The Bellrays, D Generation y Slim Cessna´s Autoclub.

Los californianos The Bellrays generaron un tornado de rock, soul y guitarras noventeras. Sesenta minutos en los que no hubo resquicios para el silencio (fue casi como si el bolo fuera una misma canción de principio a fin) y que focalizó la todopoderosa Lisa Kekaula; menuda bestia parda. A simple vista, nadie diría que el blanquecino Bob Venuum sería la pareja perfecta de la afroamericana, pero juntos, y secundados por bajo y batería, fueron gloria bendita.

Y llega el momento de narrar lo que con letras será complicado. La actuación de D Generation fue salvaje y adrenalínica hasta decir basta. Potencia, brío y rocosidad para una banda que, liderada por un formidable y atlético Jesse Malin, dio una lección inolvidable de rock. Ofrecieron muestra de repertorio a raudales y, sin freno, los cinco que habitaron las tablas modularon la electricidad a su antojo metiéndose al entregado respetable en el bolsillo. La exhibición física y enajenación de Malin le llevó, incluso, a salir con un extintor en los bises. Nosotros no nos habíamos quedado menos locos.

Satisfechos como estábamos, todavía hubo recompensa final. La apuesta de Slim Cessna´s Autoclub es algo digno de ver. Country cáustico e hipnótico, como una misa góspel en el lejano Oeste. Sombreros, banjos (llegaron a tocar dos simultáneamente) y botas de punta los de Denver (Colorado) ofrecieron un bolo cargado de sonidos sureños y rockabilly. Slim Cessna sabe como acaparar la atención; tiene poder y lo sabe. Junto a Cessna un cadavérico Jay Munly que antepuso sus habilidades con la guitarra y el micro a su mala cara. A esas horas la sala ya acusaba ausencias pero eso no fue óbice para que ambos se mezclaran entre el público e incluso caminaran sobre él. Los que atendimos a la llamada del apocalipsis tardaremos en olvidarlo.

 

+ SÁBADO 3 de SEPTIEMBRE

La sabatina era la jornada de las guitarras limpias. La avalancha de rock de la noche anterior dejaba paso a un pliego más suave pero no menos interesante. El retorno deGigolo Aunts tras varios años de ausencia (a la postre los junto a The Sadies los más destacados del día) se sumaban otros cantos de sirena como los de Matthew Sweet, Nada Surf o Mar or Astroman?.

Nos desvirgamos con The Sadies y les prometimos amor eterno. Sonido impecable y exhibición de cómo acariciar las cuerdas de una guitarra eléctrica, un violín o un banjo.Travis y Dallas Good tocaron como los ángeles todo lo que se colgaron al cuello y se secundaron en unas voces que trajeron ecos de los años 50. Contrabajo y batería, también sobresalientes, completaron un combo que se movió con elegancia y soltura en el surf, el rock y el rockabilly. Canciones propias y versiones (¿era “Nothing else mathers de Metallica?) completaron un delicioso concierto que en las postrimerías regaló con un memorable duelo de guitarra y violín. El final nos pilló bailando y sonrisa en la boca para comenzar.

Momento esperado por muchos: Gigolo Aunts retornando a escena por obra y gracia del Turborock. Nadie diría que estábamos ante una formación en stand by permanente si atendemos a la perfección y el buen rollo con el que desarrollaron el bolo. Si ponemos power-pop en el diccionario deberíamos encontrar la foto de estos norteamericanos. Cuando se alineaban y acometían los micros y las cuerdas al unísono aquello proporcionaba un orgasmo sumergido en guitarras cristalinas. “Where I Find my heaven”, “Cope”, “Take me on”… tienen temazos y de casi todos hicieron gala en una extensa actuación que se hizo corta. De regalo su personal y preciosa versión de “La chica de ayer” de Nacha Pop. Exitosa vuelta al lugar de donde nunca tenían que haber salido.

Era el turno de Matthew Sweet y más de uno temía la de arena. Poco se puede censurar de la puesta en escena del de Nebraska, pero la errónea selección del orden en el repertorio echó a pique una actuación que al final se tornó aburrida. Comenzó de lujo invitando a los Gigolo Aunts a escena para interpretar un par de temas (“I´ve been waiting” y “Girlfriend”). Pero, como decimos, aquello fue perdiendo fuelle y el guitarrista que le acompañaba se perdía en exagerados punteados. Hacia el final “Sick of love” trajo alegría pero no salvó los muebles.

Cogimos fuerzas. Cenamos, bebimos, departimos y fumamos aguardando a Nada Surf. Los neoyorquinos sorprendieron, ya de primeras, con un cuarto miembro que apoyaría aMatthew Caws a la guitarra. Es sabido que “Mateo” no está en su mejor momento y el soporte del hierático pero efectivo guitarrista le vino de lujo. Ira Elliot (batería) y Daniel Lorca (bajo) redondearon el espectáculo. Sobre todo un desgarrador Daniel Lorca que fumó sin manos como un cosaco y movió las rastas como solo él sabe. Un excelente espectáculo al que agregaron presentes en forma de versiones de The Go Betweens y ¡”Evolution” de Mercromina! De entre las suyas brillaron “80 Windows”, “Always love”, “Blonde on blonde”, “Killian´s Red”, “The voices”, “See this bones” o “Fruit fly”. En el bis invitaron a todos a gritar “Fuck it” y la conexión fue completa. Tras las actuaciones fueron de los pocos que alternaron, a pie de barra, con el público asistente.

Las fuerzas eran las justas pero era la primera vez que íbamos a navegar por el universoMar or Astroman? Otros que se sacaron nueva guitarrista de la manga. No sabemos en qué agujero negro han hurgado pero la esbelta y espatarrada instrumentista fue todo un espectáculo para los ojos. El surf galáctico es la etiqueta que se inventó para ellos y les va como un guante. Los guiños a los sonidos clásicos (Shadows siempre en la mente) fueron ensuciados por las máquinas y la sucia velocidad del espacio exterior. Un viaje por el sistema solar que tuvo como culmen la exhibición del frontman al theremin que, para deleite del personal, incendió en mitad del escenario. Gran experiencia y a bailar hasta perder el oremus con el ecléctico Dj Coco.

Pues eso, gracias.

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