Cass McCombs, errático guión

Como fiel reflejo de su modus essendi y devenires personales, el concierto de Cass McCombs anoche en El Loco Club fue, como era de esperar por otra parte, de lo más errático. Paradigma del personaje/artista introvertido, su obra y por ende sus directos ofrecen una pequeña rendija por la que asomarse; virtualmente una única oportunidad de intrusismo a través del ventanuco que da acceso a la vida y muerte de su mundo interior.

Lo de ayer no fue ni mucho menos excepción, pues el californiano no es precisamente de los que aplican la estrategia del repertorio para lograr la conexión progresiva con el espectador. El primero disfrutó sobremanera por momentos, quizá emocionalmente inocuos para el resto, con el más simple de los arreglos, con un momento de voz quebrada, repitiendo una misma nota por cuantos compases sea menester hasta el punto de casi quebrar canciones como “Hermit’s cave” (única referencia a su disco Wit’s End además de la excepcional “County line”), sin duda uno de los puntos álgidos de la noche junto a la fantástica “Harmonia”, haciendo resurgir cada uno de los temas de una forma incómodamente brillante gracias al cuarteto discreto pero más que solvente que le acompañó.

Sesión hipnótica a la cual unos sucumbimos sin necesidad de parpadear, para otros un cambio progresivo de posturas intentando alcanzar ese ventanuco que ya había cerrado irremediablemente.

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