Carlos Sadness y la revolución de la melena

Por fin estamos empezando a sentir que es primavera, que hemos desenterrado las camisetas de manga corta y que podemos lucir nuestros modernos modelos de gafas de sol, sin temor. La temporada alta de festivales, “el mogollón”, están a la vuelta de la esquina, y muchos, generalmente los más grandes, ya están celebrando sus fiestas de presentación, para que nos vaya picando el gusanillo.

Low festival, lo ha conseguido estos días atrás. Se marcó un sold-out en la Wah Wah, de la mano del padrino festivalero por excelencia, Carlos Sadness. Un ejército de súper groupies llenó la sala de piñas y shorts, y como no, de largas melenas sueltas al viento.

La fiesta empezó de la mano de Chlöe’s Clue, la jovencísima valenciana, que se está haciendo un hueco cada vez más grande, en esto de la música indie-folk. No es para menos, pues Raquel, viene avalada por un gran talento y una bonita voz. Da gusto ver cómo poco a poco va ganando adeptos, que cada vez se saben mejor las letras de su “Hidden Rhythms”.

Con sonidos de guitarras y ukeleles fuimos entrando en calor y en situación de recibir al plato fuerte de la noche, Carlos Sadness. Esta vez, en formato eléctrico y acompañado de su banda. Camisa vaquera, pantalón negro y pelo suelto. A sus pies, un uke que no sabemos si será nuevo, o recuperó el que tanto apreciaba, y que por hurto perdió en un concierto. Comenzó con las más tranquilas (Sputnik, Feria de botánica,…), para a medida que avanzaba la actuación, ir introduciendo los temas más bailables. En los primeros acordes de canciones como Miss Honolulú o Bikini, el batallón de fans, el ejército de la melena, se desataba en un baile de saltos infinitos.

Se echaron de menos algunas de sus mejores canciones, de las que tienen más esencia Shinoflow (ej: El día que hizo más viento que nunca). Pero también se echa de menos nuevo material, que nos revele cuál va a ser el camino de Sadness, tras el éxito obtenido en la saturada escena festivalera. A finales de Agosto, lo tendremos de nuevo en la ciudad, quizás entonces, podamos descubrir algo más…

Crónica: Nura Dahoui

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