Bonnie ‘Prince’ Billy, el acontecimiento del año

En una ciudad como Valencia, caracterizada por la ausencia de actuaciones de alto nivel, la visita de Will Oldham, probablemente el cantautor americano más importante de las últimas décadas, supone todo un acontecimiento.


Es un tipo esquivo, y no suele conceder demasiadas entrevistas. De hecho, ni siquiera firma contratos con las compañías discográficas que editan sus canciones. Se limita a un apretón de manos, y los sellos quedan a la espera de que Will Oldham (el hombre que se esconde tras el alias de Bonnie ‘Prince’ Billy) les envíe su siguiente colección de canciones. Se trata de una singularidad en la industria musical actual, una anomalía en toda regla, que no se ha prodigado en directo en nuestro país y que ahora recala en Valencia para presentar su último álbum, el magnífico Wolfroy goes to town. Un acontecimiento de primer orden para una ciudad desbordada por el remember y la complacencia (o quizá sea desidia), en la que resuenan constantemente las quejas porque las giras internacionales de alto nivel pasan de largo, pero que no dispone de una masa de espectadores capaz de mantener un circuito de conciertos internacionales de nivel, que no son los que protagonizan viejas glorias en grandes recintos ni los de grupos de supuesto culto en fase terminal, que repiten gira año tras año para el mismo público acrítico, sino los que permiten disfrutar de un artista en plenitud de facultades y sentir el latido de sus canciones en el mejor momento de su carrera. Así que sin rodeos: El de Bonnie ‘Prince’ Billy está destinado a ser el concierto del año en Valencia.

Ya hay quien le considera el Bob Dylan de su tiempo, y lo cierto es que, dejando las comparaciones aparte, Will Oldham ha sabido recoger la tradición del folk y el country para crear un legado discográfico tremendamente personal, que sin duda le sitúa  como el songwriter más dotado de su generación, y que se remonta a la primera mitad de la década de los noventa, cuando empezó a grabar usando indistintamente los nombres de Palace Music, Palace Brothers y Palace Songs. «Creo que si utilizas el mismo nombre, la gente se ha hecho una idea de lo que ofreces y espera lo mismo en el siguiente disco. Pensé que, como cada vez cambiaba de músicos, de sonido y de temáticas, era importante usar nombres distintos y que el público advirtiera desde el principio que había diferencias», comentaba en una entrevista del año 2007.

En esa primera época ya destacan obras maestras indiscutibles como “There is no-one what will take care of you” (1993) o “Viva last blues” (1995), y en 1997 firma “Joya”, su primer disco como Will Oldham. Sin embargo, su afición por adoptar otras personalidades le lleva a crear a Bonnie ‘Prince’ Billy en otro álbum mayúsculo, “I see a darkness” (1999). «El nombre contiene tantas referencias que podría tener vida propia. Suena parecido a Bonnie Prince Charlie (un príncipe escocés del Siglo XVIII), y fui consciente de que me apropiaba de esa sonoridad meliflua. También pensé en Nat King Cole. Pero no fue hasta mucho más tarde, quizá inconscientemente, cuando recordé que Billy El Niño también se llamó Billy Bonney», declaraba en la entrevista citada.

 

CANTIDAD Y CALIDAD

Desde entonces, ha utilizado el mismo nombre en todos sus discos, aunque no siempre los haya grabado solo. “Superwolf” (2005), por ejemplo, apareció firmado junto a Matt Sweeney, mientras que “The brave and the bold”, editado en 2006, fue fruto de una sugestiva colaboración con Tortoise. Y el año pasado publicó “The wonder show of the world” con The Cairo Gang (2010). Del mismo modo, en los últimos años sus canciones han sido interpretadas por otros artistas, que de esta manera reconocían su talento. Lo hicieron Soulsavers y Mark Lanegan con “You will miss me when I burn” (2009), aunque quizá la versión más llamativa fue la que grabó Johnny Cash de “I see a darkness” en el año 2000.

Prolífico como pocos, a lo largo de 2011 Oldham ha publicado cinco singles o EP’s, una colaboración en un homenaje al Seven swans de Sufjan Stevens, y ha ejercido de narrador en un audiolibro, pero su gran obra de esta temporada es Wolfroy goes to town, una maravilla bañada de folk, gospel y country que se coloca a la altura de las grandes grabaciones de su carrera y es el motivo por el que ha emprendido su actual gira, en la que le acompañan los músicos con los que ha grabado: Ben Boye, Danny Kiely, Van Campbell, Angel Olsen y Emmett Kelly.

 

DE VIVA VOZ

Poco proclive a explicar su obra, Bonnie ‘Prince’ Billy concedió recientemente una entrevista a la influyente web Pitchfork, en la que hablaba sobre el Lp. «Cuando empezamos a trabajar, la idea era captar las canciones de una manera muy natural, pero me pareció que era un modo de negar lo que significa grabar un disco, que no es una cosa real o verdadera, sino la construcción de algo hiperrealista, surrealista e irreal a un tiempo. Como una película. Creas un espacio que, en realidad, no existe. Una de las mayores gratificaciones de trabajar así es el modo en que se construyen las canciones. La idea era dar unas breves instrucciones iniciales, ponernos a tocar y ver qué ocurría. Aprendimos mucho unos de otros».

Un artista único, irrepetible, que no se rige por las normas de la industria, sino por los impulsos de su pasión artística, no solo plasmada en sus discos, sino también en sus interpretaciones cinematográficas. Háganse un favor y acudan a verle en directo. No les podemos garantizar que les vaya a cambiar la vida, pero les hará más felices.

 

Estará actuando en Valencia el próximo miércoles 26 de octubre (Sala El Loco). Más info aquí.

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