FIB 2011: Arctic Monkeys, el alumno superó al maestro

Les voy a intentar hacer amena la lectura de la jornada (esperemos, pues todavía queda una) más aburrida de este FIB 2011. Y no es porque al cartel le faltaran reclamos, pues la cartela del sábado la coronaban Arctic Monkeys y Primal Scream. Les cuento.

Metimos prisa a nuestras novias demasiado tarde. Es sabido que si quieres llegar a una hora hay que intentar llegar una hora antes. Todo esto para excusar la pérdida deLos Ginkas y McEnroe. Dos de los grupos nacionales que más nos venían agradando y de los que no podemos contarles nada. De los de aquí nos esforzamos con Nadadora, pero no les pillamos el rollo así que para hablar mal, mejor dejarlo. Tal vez fueran Astrud y su apuesta por el pop de cámara (recordemos que el Colectiu Brossa eran su banda de acompañamiento) los primeros aprobados de la jornada. La voz de Manolo y la brillante actitud de Genís nos dieron madrugadoras alegrías en forma de letras brillantes y sonrisa en la boca. Una pena la tibiedad del volumen. Cerrar con “E gira tutto in torno alla stanzza” , finalón.

Pero antes, habíamos visto, sin saberlo, uno de los bolos del día. Tame Impala se había dedicado a corroborar sobre el escenario los buenos augurios. Insultante juventud y seriedad en las tablas, el grupo de neo-hippies tiró de sintetizadores y guitarras envolventes para encandilar a los miles que, con el sol de testigo, sabían que estaban ante algo valioso. Todos descalzos (jugándose la vida ante tanto cable) hicieron del Escenario Maravillas un lugar mejor.

Maldita la hora en la que tachamos a Smile de nuestras quinielas. Pasamos por allí y su folk nos trajo recuerdos de los mejores Jayhawks. Por favor, no nos hagan caso y si tienen la oportunidad véanlos. Nosotros no lo hicimos. La que sí era obligada era la parada deBombay Bicycle Club. El Fiberfib a rebosar y es que los británicos venían en calidad de diamante pulido, y a base de guitarras y estribillos dieron lustre a las joyas que componen su sus tres álbumes. Pop recomendable y digestivo.

De repente la gente se desprendía hacía el Escenario Maravilla, Lori Meyers estaban a punto. Mientras Los Planetas (que lo único que tienen ya que ver con ellos es su ascendencia granadina) daban un bolazo en Madrid, Lori Meyers se doctoraba en el señor de los festivales. Otra cosa no, pero Noni y los suyos ya saben llenar un escenario grande; que no es fácil. Repertorio tienen de sobra y de él hicieron gala. Una pena que al realizador le diera por pinchar sus videoclips en pantalla pues estaba la mar de guapos con sus trajes a los Reservoir Dogs. Ahora en serio: Lori Meyers son una pedazo banda. Y lo dice uno que siempre añora sus primeros discos pero reconoce que “Mi Realidad” o “Alta fidelidad” (con las que acabaron en loor de multitudes) son singles de aquí a Lima.

Beirut merecían visita, y visitados fueron. Tranquilos, agradables. Nada que reseñar y vuelta al Maravillas acompañados de ríos de guiris excitados para ver a Mumford & Sons. A los londinenses ya se les había quedado pequeño el escenario idem el pasado año así que no era necesario ser muy hábil para programarlos, ahora sí, en el grande. Lo malo es que tampoco tenían mucho más que decir. Sus efectismos folkies para las masas se tornaron monótonos si bien tuvieron momentos destacados en “Little Lion Man” (cayó la tercera) o “Sigh No More”. Total, el caso era pillar buena posición para ver a los Arctic Monkeys. Decepción.

Escorados a la derecha y cubata en mano, como tiene que ser, ya estábamos preparados para degustar a uno de los mejores grupos del nuevo milenio, los “monos de ártico”. Abrir con “Library Pictures” fue la mejor manera de reforzar las sospechas de que su último disco va para incunable. Un par o tres de FIBs atrás ya habían sentado cátedra y ahora reverdecían laureles de excelente banda guitarrera. Increíble la facilidad con la que a uno se le pasa por la cabeza The Queens of The Stone Age o The Beatles, en la noche del sábado no escatimaron en repertorio. Repertorio para dar y tomar, llevaban casi una hora de sobresaliente clase de rock y uno se preguntaba qué pasaría cuando llegaran los clásicos de sus dos primeros discos. “When sun goes down”, “Brainstorm”, “Fake Tales of San Francisco”, “505”….Imparables. Cuatro discos como soles y de ellos hicieron gala.

Para los carrozas eran las horas de la vergüenza. Los Arctic nos habían absorbido la sangre y todavía quedaban por delante dos bandazas. Juro que intentamos concentrarnos pero la tarea fue ardua. Big Audio Dynamite y Primal Scream. Sobre todo los últimos, son maestros de la psicoldelia y la música negra y ya es tarde para recordar que Screamdelica es un pasaje fundamental de la Biblia del rock. Gran actuación de Gillespie y los suyos, como casi siempre. Ambas formaciones se esforzaron (nada tienen que demostrar) en superar a los discípulos sin éxito. La noche había sido de Arctic Monkeys y nos sin darnos cuenta ya era hora de entregarse a Amable.

 

Quique Medina (Fotos: Maxime Dodinet)

 

http://www.redaccionatomica.com/conciertos/381/arctic-monkeys-el-alumno-supero-al-maestro/

También te podría gustar...