Alex Matía: asombrosa novedad

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La noche era otoñal a nivel superlativo. La lluvia traía frío y viceversa. Si uno no tiene la sana costumbre de enfermar, el mejor remedio era empuñar un paraguas, cubrirse de capas y buscar un local equipado con buena calefacción y, puestos a pedir, buena música. La salaCostello Club cumplía con los requisitos. Es un local con doble personalidad pero no padece esquizofrenia. Al contrario. Oferta dos ambientes la mar de sanos. Su primera planta es tranquila, con algún que otro sofá, mientras que la segunda, tiene un escenario pequeño pero matón, dirigido a los artistas que quieren demostrar su valía. Eso mismo hizo Alex Matía, músico madrileño de rock que iba a presentar esa noche su nuevo disco Los Defectos.

 

Una vez dentro, tras abrirme paso entre un público que iba in crescendo, los músicos tardaron poco en salir. Comenzaron con la canción “Los Defectos” sin tener en su interpretación ninguno. Es un tema en el que fueron sumándose las cuerdas bien pilotadas por Ángel Herranz y Luis Pastor a medida que la letra avanzaba. Y qué letra. Después, en consonancia con el intenso ambiente que crearon en un momento, tocaron Es. Su comienzo tiene cierto parecido a los fríos temas de Bon Iver pero luego la canción toma aires cálidos por medio del ritmo marcado por las baquetas de Dani Campillo. Este temporal revuelto continuó con el tema Nubes bajas, canción con la que rememorar amores de verano y dejarse llevar al compás de los coros entonados por Paty Sevener. Al acabar este último tema, Matía, con sonrisa cómplice, anunció que iba a tocar Fuego. Animó al público a que cantasen con él y éste poco tardó en hacerlo. Es un tema que deja claro la calidad de la voz de Alex además de estar ésta impulsada por el estallido de los instrumentos en los últimos segundos de la canción. Bombazo.

 

Pero algo que no terminé de entender fue la actitud que tuvo público tras las siguientes canciones. Reían y hablaban a grito pelao sin importar si los decibelios que alcanzaban sus voces podían entorpecer el ambiente creado. Una lástima que la mala educación llegue también a los buenos directos. Pero insisto, el ambiente seguía latente.
Otro de los temas que sonaron fue Lágrimas. El teclado dominado por Miguel Ruíz daba cierto sonido espacial al tema. Algo diferente pero igual de bueno. Cuidado. Luego, al tocar el tema Café terminaron de convencerme de que volvería a escuchar su disco en cuanto saliese del local. Es una canción tan dulce como el azúcar que necesita un café solo. Su metafórica letra invita a alguien a quedarse a tomar un café y a interpretar la canción al gusto del consumidor.

 

Además Alex Matía sacó tiempo para homenajear a varios artistas latinoamericanos al versionar varios temas durante el concierto como “Todo se transforma” de Jorge Drexler y “Como tú” de León Larregui.
De hecho, uno de las últimas canciones que sonaron en el local fue Páginas de Álex Ferreira. Cuando la melodía comenzó, el resto del grupo se había retirado. Matía estuvo acompañado únicamente por su guitarra. Pero aunque el escenario se había vaciado Alex Matía lo llenó con la interpretación que hizo. Porque, de repente, el molesto público enmudeció, la letra fue calando poco a poco y al terminar todos acabamos dando aplausos mientras asentíamos con la cabeza.

 

El concierto finalizó con Sangre en los Lavabos, no de forma literal claro. Buen cierre con buena canción. Demostraron que tienen fuerza para dar y vender y para seguir llenando escenarios hasta que éstos se les queden pequeños.

 

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