Airbag transportó al público a una noche de playa

Mucho guitarreo, mucho pantalón pitillo, algo de entorno playero y un cúmulo de ambienteteenager (y no precisamente por la edad de los allí presentes). Así se presentaba el ambiente en la sala El Loco, para ver el regreso de los ya veteranos Airbag presentando su nuevo disco Manual de Montaña Rusa.

Pero antes se encargaron de caldear el ambiente Los Brackets, unos valencianos que apuran los 20 tacos haciendo apología de de los amores de verano. Con sus gafas de pasta como sello, se presentaron como “los marginados del instituto” e hicieron que los presentes en la sala empezaran a dar sus primeros saltos. Su primer LP Bracketsmanía está cargado de estribillos pegadizos y letras de días de piscina en castellano.

Acto seguido los chicos (o ya no tanto) de Airbag subieron al escenario con esa actitud de “vamos a hacer que sudéis la camiseta y nosotros ni nos vamos a mover”. Cada uno en su sitio, estáticos y clavados en el suelo. Eso sí, ellos marcaban el inicio de los saltos. Suenan los primeros acordes de “Tráiler” el primer single de su nuevo disco y empieza la lluvia de objetos playeros. Llueven flotadores, balones incluso una colchoneta en forma de cocodrilo gigante (cocodrilo, que acabaría en las manos de Jose Andrés en lugar de sus baquetas). Con un comienzo así, ya todo va rodado y empiezan a sonar algunos de sus famosos temas (Cubo de rubick” o “Cómics y pósters”, por citar algunos). También hubo tiempo de desplegar todo el material nuevo y de contagiarse de esas letras inmaduras que se cantan con orgullo (“mi cabeza siempre ha sido un desastre pero nunca olvidaré ese examen”). El ambiente ya lleva un rato caldeado, y con ello los flequillos empapados. Los más atrevidos ya van subiendo al escenario haciéndose hueco entre PepilloAdolfo para lanzarse y perderse entre una marea de manos, cervezas, y objetos hinchables. Los días de sol, las tablas de surf y las películas de miedo siguen presentes mientras suenan temas como, “El último de los veranos”, “La ola perfecta”, o uno de los más pegadizos “La cueva” (“¡chicos encerrados en sus casas!”) dicen todos en tono muy agudo mientras sus piernas hacen un movimiento twist.

Se acerca el final y dan un respiro a los allí presentes. Respiro que a muchos no les sirve para recuperarse, porque en pocos minutos los de Estepona vuelven al escenario para rematar la noche. Y qué mejor que acabar la velada volviendo a los 80 parar ser un pocomod, homenajeando a Los Flechazos. Con su versión de “La chica de Mel”, la sala dio paso a un guateque donde el escenario era la pista de baile para los más desvergonzados, aunque bien es cierto que para un concierto así uno se deja la vergüenza en la puerta del local. Camisetas chorreantes, tupés calados y el tembleque de piernas son el resultado de la música de estos veteranos a los que aún les queda mucho ruido por hacer.

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