8Bits Valencia: El retro futuro de la música electrónica

Sábado por la mañana. Mi compañero fotógrafo y yo nos dirigimos a la sala La Rambleta para asistir al 8 Bits Valencia. Cruzamos las puertas del gran centro cultural y subimos al sexto piso, donde se realizaba el festival. Un sexto piso grande, medio lleno de gente y de maquinitas, con niños correteando aquí y allá y disfrutando como los que más. Teníamos allí una amplia selección de videoconsolas de la llamada baja tecnología, tales como la Sega Máster, Nintendo 64, Megadrive, Game Boy e incluso alguna Playstation 1.

Llamaba la atención la cantidad de niños y de padres presentes en la sala, presidida por unas tragaperras y unas máquinas de Pinball que conseguían trasladarte de vuelta a los noventa, como si estuviésemos en cualquier sala recreativa del barrio. Hasta ahí todo bien, pero al poco descubrimos que para el Pinball y las tragaperras había que sacrificar unos pocos euros por jugar…
Así que después de echar un par de partidas a las máquinas a las que podíamos jugar de forma gratuita, descubrimos que teníamos que tomarnos un descanso de una a cuatro de la tarde, cuando por sorpresa para nosotros apagaron las luces y desarmaron los tenderetes. Ni idea de que fuese a pasar eso.

Volvimos para asistir a la proyección del documental Europe 8 Bits de Javier Polo, razón por la cual se había organizado el festival, que no servía sino de presentación a la proyección de la cinta en Valencia. El documental habla del universo de la música chip, nuevo género musical dentro de la electrónica en el que se reutilizan viejos ordenadores y videoconsolas tales como la Game Boy, La Commodore 64, Atari y un largo etcétera como elementos para generar sonidos musicales. Esta música disfruta de una creciente popularidad en Europa, como en España o sobre todo en Alemania. Algunos cometen la osadía de referirse a esta corriente como el nuevo punk. Ya veremos que dicen dentro de un par de años.

En fin, un documental muy interesante que cuenta con un gran número de valencianos entre su equipo. (Para el que solo quisiese ver la película y pasase del resto del festival, la entrada se reducía a 3 euros; para el resto eran 14 euros en taquilla y 10 la entrada anticipada).

Ya por fin, víctimas del cansancio, llegamos al momento que todos estábamos esperando: los conciertos. Que, por cierto, se demoró un tanto, comenzando al final poco antes de las 11. Nada fuera de lo normal. En la sala de concierto, el precio de la cerveza se mantuvo al mismo precio que habíamos descubierto horas antes. Un problema para nosotros. Después del tiempo de espera ya mencionado, comenzó el primer grupo, colectivo o artista que subió sin ser anunciado ni hacer ningún tipo de presentación, por lo que supongo que debían de ser Snail+Demon, seguidos muy de cerca por Culomono, otro dj que como los anteriores sacaba sonidos de viejas consolas y procesadores.

Llegó el inesperado punto incómodo o incomprensible de la noche. Mientras Culomono terminaba su larga y agónica actuación, nuestro archiconocido Fela Borbone ponía a punto si mierdofón e intentaba lo que parecía ser una improvisada prueba de sonido en el mismo escenario. Y ahí comenzó un cuarto de hora que se nos hizo eterno. Fela parecía que comenzaba a tocar y Culomono no dejaba el escenario. Total incomprensión por parte de los espectadores. No nos quedó claro si se trataba de un numerito humorístico o de un fallo de la organización. Personalmente pienso que iban mal de tiempo y estaban intentando solucionarlo sobre la marcha. Y comenzó la actuación de Fela, actuación que hubiésemos disfrutado mucho más si tanto él como su guitarra y el mierdofón hubiesen estado bien sonorizados.

meneo

Tras un show escueto, concluido por Jaume y su guitarra-polla junto al mierdofón, Fela desmontó y se fue. Y antes de que desapareciese de vista ya estaba comenzando el que debía de ser Ralp, que continúa en la onda de las dos primeras actuaciones. El público, no demasiado abundante, parecía algo animado a esas horas de la noche, aunque nada del otro mundo. Tras Ralp, disfrutamos de Henry Homesweet, joven inglés al que habíamos podido contemplar horas antes pululando entre los stands y observando las consolas expuestas en el festival. Seguido por Gotoh desde Suecia que precedía al esperado Meneo, artista guatemalteco y pionero en nuestras tierras del chiptune y el electropical, y cuya aversión por la ropa es bien conocida en nuestra ciudad.

Salimos de La Rambleta en busca de un medio de transporte para la vuelta a casa y con la agridulce sensación de haber asistido a lo que, pudiendo haber sido el evento del año, acabó quedando en la anécdota de la semana.

Foto de portada: Fran Mengual
Fotos intercaladas: Jose Ángel Calve
Crónica: Bruno Zapater

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