Música en directo y bañador

Pocos metros separan a la playa de un recinto envidiable. Le deseamos larga vida alArenal Sound pero muchas son las cosas que tendrán que mejorar en un festival que, pese a su magnitud, tiene los pies de barro. A la fragilidad del cartel hay que sumar un sonido de saldo y una entrada caótica. Pero se trataba de pasarlo bien y nosotros de eso sabemos un rato.

Desde llegaron Los Últimos Bañistas. Cruel horario para este cuarteto que lleva un par de años intentando abrirse paso en la jungla musical. Pop fresco con toques folkies y de herencia beatleniana de agradecer. De aquí recuerdaron a los primeros Lori Meyers; aquellos que aún le daban más importancia a las guitarras melódicas que a la electrónica y cuyas letras eran más diáfanas y románticas. Empezamos bien.

El desastre sonoro llegó con Supersubmarina. A sus files les importaba poco que aquello sonara a rayos. No hubo guitarras, no hubo batería… aquello saturaba como un demonio y sin siquiera la característica voz de de su frontman salvó un concierto mal sonorizado que milagrosamente hizo las delicias de sus fieles. Lo importante es la pasión y de eso les sobra a los andaluces que hasta se marcaron un bis.

Luego, a dos pasos (eso sí, hay que andar poco) era el turno de Dorian. Otro fraude sonoro. ¿Por qué se empeñan en ser una banda rock cuando su gracia está en elelectropop? Un a maraña de guitarras sin ton ni son reinó durante un mal bolo salvado únicamente por las dos o tres grandes canciones que tuvieron la suerte de componer en su día. “A cualquier otra parte” (no nos cansaremos de decirlo) es un himno del pop y (milagros del pop pregrabado) sonó bien y hasta se bailó. El grupo catalán debe revisar du directo si no quiere bajar de categoría.

Más que nada porque luego llegaron Charlatans y mira tú por donde hicieron sonar bien el escenario grande. Cada día aprecio más a un bue técnico y valoro su importancia. Lección de saber estar y guitarrismo de los británicos que, sin despeinarse, se marcaron el mejor concierto de lo que llevábamos de noche. Ya sabemos de dónde han sacado los Gallagher sus mejores poses. Psicoldelia al servicio de un concierto rock donde cupieron varios clásicos (“North country boy”, “My beatiful friend”, “Just when you think it´s over”…) celebrados solo por algunos incautos que habían venido a ver música.

Era el momento de probar otro escenario. Habíamos oído delicias de los valencianosCrimentales y nos encaminamos al escondido Desperados. Y, sorpresa, sonaba mejor que el Escenario Legendario supuestamente de más entidad (al menos por el momento). Energía y revivalismo made in america para un grupo que funciona perfectamente y cuyo único temor es el estancamiento. Son tres y les sobró garra, entidad y nervio para encaramarse a aforos mayores ya que caben (dicho desde el cariño) en cualquier radiofórmula.

Ya hemos contado en multitud de ocasiones que a Lourdes Hernández nos gusta verla en aforos pequeños. Que los grandes escenarios se le quedan grandes. Pero mira tú por donde ayer quiso ser menos y se dejó la piel. Simpatía a raudales (novedad) y belleza (le faltó vestido) en una actuación sustentada por su prodigiosa y dulce voz y una banda con solvencia. Folk de calidad para cenar y escuchar de lejos. Ya le habíamos pillado el punto al escenario grande.

Creíamos que el escenario Legendario era una carraca hasta que llegaron Polock. Estoy cansado de decirlo pero la banda va como un tiro. Elegancia, guitarras y un placer hasta el momento inédito invadió la noche (se me ha olvidado decirlo pero ya estaba oscuro). La batuta impermeable de Marc (me atrevo a decir que uno de los mejores baterías de España) dominó un bolo notable en el que los valencianos se marcaron hasta un inesperado bis. Ya son de primera y no van se andan con chiquillas. Se hizo corto. Fue corto.

La noche comenzada a mutar y los líquidos ingeridos hacían efecto. Un buen concierto que animó a más de uno. Momento perfecto para disfrutar de unos Hurts que invitaban al baile. Aceptamos la propuesta y nos dejamos llevar por el hipnótico ritmo electropop que marcaron los anglosajones. ¿Qué más podíamos hacer?

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