FIB 2011: Con las pilas cargadas

En un año de comptecencia feroz, el Festival de Benicàssim vuelve por sus fueros y presenta un cartel en el que abundan los grupos de carácter masivo, pero que no descuida la clase media

 

Que si está lleno de ingleses borrachos, que si ha bajado el nivel en los últimos tiempos, que si se quedaba sin patrocinador principal… El FIB no sería el FIB sin la cadena de rumores y posiciones enfrentadas que le acompañan año tras año. Y en 2011 llega a su decimoseptima edición siendo fiel a su estilo. Heineken se fue y volvió, el público extranjero seguirá siendo mayoría y el cartel presenta atractivos más que suficientes para justificar el viaje. Benicàssim saca pecho en una edición no exenta de dificultades y polémicas. La primera, con el festival Primavera Sound, que manifestó públicamente su enfado cuando el FIB le birló a Portishead y que, según se comenta en los mentideros de la industria, ha organizado a la carrera el Fly Me To The Moon en Barcelona para contrarrestar una posible edición doble del FIB, que finalmente no se ha producido (pese a que el rumor lleva circulando varios años). Y después, con su propio público potencial, que no ha entendido la inclusión en el cartel de Julieta Venegas. El fundamentalismo indie destiló bilis durante semanas, pero el tiempo devolvió las aguas a su cauce.

Así las cosas, lo que cuenta es la música. Y el FIB 2011 tiene de sobra.

 

CABEZAS DE CARTEL

Los oficiales son The Streets, The Strokes, Arctic Monkeys y Arcade Fire, pero en el grupo debería incluirse también a Portishead.

Mike Skinner, el hombre tras The Streets, irrumpió como un ciclón en 2002, el año en que su Original pirate material puso patas arriba la escena del UK garage y apostó por subir de nivel el comentario social en un género conectado con el 2 step y precursor del grime. Fue uno de los más sonados coletazos de la escena electrónica en el cambio de siglo. Skinner logró aupar a las alturas al rap británico y restablecer la poética de la clase obrera con un Lp imprescindible, que nunca ha superado, aunque Computers and blues (2011) obliga a mantener las expectativas.

Sobre The Strokes está casi todo dicho. El descalabro de First impressions of earth (2006) fue de tales dimensiones, que solo podían recuperar crédito volviendo a sus inicios. Y es lo que han hecho en Angles. Para satisfacer caprichos ya están las aventuras en solitario: Esta vez, se trataba de recobrar la identidad. Y aunque no es un nuevo Is this it (2001), al menos los neoyorquinos mantienen el nivel de Room on fire (2003). Ya no se trata de hacer la revolución (si es que la hicieron alguna vez), sino de que las nuevas canciones encajen en un set list festivalero. Y eso lo han conseguido. Su concierto será tan previsible como exitoso.

Se esperan grandes cosas, en cambio, de Arctic Monkeys. Han regresado al regazo de James Ford, su productor habitual, pero la experiencia con Josh Homme ha dejado huella, y en Suck it and see (su cuarto Lp) los de Sheffield combinan a la perfección el refrescante impulso pop de sus dos primeros discos con la densidad rock del tercero. Arctic Monkeys viajan al pasado (varias melodías remiten a los sesenta) para tomar impulso de cara al futuro, pero frente a los ejercicios retro, destilan energía contemporánea, sin atisbo de nostalgia, y recuperan una capacidad para tomar el pulso al presente que algunos habían puesto en duda tras Humbug (2009). No se puede pedir a un grupo que crezca más ni mejor.

El tercer cabeza de cartel oficial es Arcade Fire. Convertido en fenómeno de masas desde la aparición de su debut (“Funeral”, 2004), el grupo de los hermanos Butler regresó en 2010 con The suburbs, un Lp conceptual, inspirado en la vida en la periferia de la ciudad de Houston, que sorprendió por su carencia de hits automáticos. Arcade Fire no se han estancado, han ampliado su paleta sonora y evitan el riesgo (vaticinado por muchos tras la aparición de Neon bible en 2007) de convertirse en una banda de estadio, sin por ello renunciar a una personalidad fuera de duda. Los canadienses obtuvieron buena nota en un difícil tercer álbum que, eso sí, se excedía en minutaje, y que podarán de cara a su actuación en el festival.

Portishead no han editado nada desde Third (2008), su triunfal regreso tras once años de silencio, pero la categoría del trío y su sobresaliente repertorio (unidos al gran sabor de boca que dejaron en Primavera Sound hace tres años), garantizan un show histórico, toda vez que será la primera ocasión en que el grupo (no así Beth Gibbons, que actuó con Rustin’ Man en 2003) pise el Escenario Verde.

 

LETRA MENUDA

Entre los nombres que se aprietan en el cartel en caracteres más pequeños que los de las grandes estrellas suelen localizarse los mayores atractivos de los festivales, los grupos a descubrir o valores seguros que todavía no han alcanzado el éxito masivo. Cancelada la actuación de The Morning Benders (Art Brut serán sus sustitutos), los siguientes son los más destacados a priori.

A punto de editar su segundo álbum, los británicos Mumford & Sons se han convertido en una de las revelaciones folk-rock de la temporada. Su estupendo debut, Sigh no more (2009), obliga a seguirles la pista y comprobar sus prestaciones en vivo. Por contra, Noah And The Whale deberán recuperar la credibilidad perdida con Last night on earth, su reciente tercer disco, de sonido demasiado convencional. Al contrario que Pendulum, formación australiana de drum’n’bass cuyo directo promete emociones fuertes. Los pases de Anna Calvi, pese a la división de opiniones del Día de la Música, y Crystal Fighters, que convencieron en la misma convocatoria, también reclaman atención, así como Beirut (que estrenará los temas de The rip tide), los inefables Herman Dune (con Strange moosic bajo el brazo), The Go! Team (se recomienda llevar sudadera), Zombie Zombie (los Animal Collective del futuro) y The Marzipan Man.

Aunque si se trata de destacar una propuesta fuera de los nombres masivos, sin duda debe ser la de Congotronics vs. Rockers. O lo que es lo mismo: Los grupos congoleños Konono Nº1 y Kasai Allstars, en plena comunión sonora con invitados de lujo como Deerhoof, Juana Molina, Wildbirds & Peacedrums y Skeletons. Un espectáculo único, que aúna tradición y vanguardia, y que se convierte en una de las escasas ocasiones en que la música africana ha tenido presencia significativa en el Festival de Benicàssim, siempre pendiente de las modas del mundo anglosajón. Un show obligatorio.

 

ETERNO RETORNO

De unos años a esta parte, no faltan en el FIB bandas que vivieron sus momentos de gloria años atrás, pero que el festival rescata aprovechando giras de reunión o con la intención de que el público más joven conozca a los precursores de sus grupos favoritos y, de paso, tome algunas lecciones de historia. Donovan, Lou Reed, Magazine o PiL, entre otros, han pasado por Benicàssim para reverdecer viejos laureles, del mismo modo que este año lo harán unos renacidos Big Audio Dynamite, liderados por Mick Jones (The Clash). Es la representación más sonada de la vieja guardia en un cartel en el que The Stranglers y The Undertones deben considerarse obligatoriamente presencias menores, a causa de las importantes bajas que presentan en sus formaciones originales (especialmente en el primer caso, ya que en The Undertones permanecen, al menos, los hermanos O’Neill). La gran sorpresa es la incorporación de Pigbag, banda británica de sonido bailable, percusivo y anárquico extinta en 1983. Y también en el apartado de la nostalgia cabe incluir la actuación de unos Primal Scream que recalan nuevamente en el festival (aún permanece en la memoria su aquelarre del año 2000, con Xtrmntr en plena ignición) para recordar Screamadelica, su primera obra maestra discográfica.

 

PRESENCIA ESTATAL

Finalmente, y en lo que se refiere a la presencia en el cartel de bandas españolas, parece que la mengua que se preveía con la llegada del capital británico a la organización va tomando forma. Pocos nombres, y la mayoría fuera de los escenarios importantes.

La exitosa Russian Red encabeza un listado en el que también destacan el intimismo rock de Ainara Legardon, los volcánicos Atom Rhumba, la intensidad más o menos impostada de Nudozurdo y CatPeople, la cuota catalana que representan Antònia Font y el proyecto conjunto entre Astrud y el Col·lectiu Brossa, Los Ginkas y los resucitados Grupo Salvaje. Como siempre, hay donde elegir.

 

Por Eduardo Guillot

 

 

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